#Cuba: ¿Qué pasó con los jóvenes en Santa Clara?

… una vulgar manifestación de indisciplina social, censurable, criticable, e impropia de la educación y la cultura de los habitantes de esta central ciudad cubana, se haya metamorfoseado por obra y gracia de los tergiversadores de siempre, en: “Varios cientos de estudiantes cubanos destrozaron butacas en un teatro y entonaron consignas antigubernamentales luego de que se cancelara la transmisión del partido de fútbol entre los equipos Barcelona y Real Madrid, informaron disidentes el martes”.

Y a continuación, convierten la acción rutinaria de los agentes del orden ante cualquier suceso perturbador de la tranquilidad ciudadana y la disciplina social, en una “fuerte respuesta de las fuerzas de seguridad y de altos funcionarios del gobierno y del Partido Comunista en la ciudad de Santa Clara…”

Así, obra de los periódicos de marras, el mundo conoce los reportes de varios “perseguidos” periodistas independientes, que con oscuros ingredientes transfiguran un caso de indisciplina social en thriller político clase B: “destrozo del cine y sus butacas”, “consignas antigubernamentales”, “fuerte represión del Ministerio del Interior y la Seguridad del Estado”, “detenciones masivas y oscuros interrogatorios”.

El cuento completo aquí

Nota:

El periodismo está en crisis en algunos medios internacionales.

Que no cunda el shock-teo

He respondido varios correos de familiares y amistades radicados fuera de Cuba que, preocupados por el desastre que descubren tras el paso de los huracanes Gustav e Ike, necesitan saber qué me ha ocurrido, a mi, a mis familiares y a los suyos. También el teléfono, de ida y vuelta, ha ido dando nota de cómo están las cosas para amigos y familias. Es el primer escalón de un gesto solidario al que respondo, invariablemente, que salvo aquellos cuyo sustento depende del cultivo agrícola, no hemos sufrido en el ámbito familiar nada de interés para la anécdota. Les comento además a los de fuera que estamos tratando de paliar la situación con donaciones, con aportes, que no es sólo un suceso momentáneo… pues, luego de haber vivido los insufribles años de la mayor crisis que registra la Historia de Cuba, conocida como Período Especial, nos amenaza el shock de un nuevo germen de carencias.

También me contaba mi madre que en Vueltas, mi pueblo de origen, los choferes de alquiler no habían perdido la oportunidad de especular desde apenas el día siguiente del paso del ciclón por la región central, aumentando en más de tres veces el precio legal del contrato que han firmado y el doble del precio que ilegal y habitualmente cobran. Y así también puede ocurrir con los precios de alimentos y productos básicos, que en nuestro caso incluye el acceso de todos a la salud, con asistencia gratuita y tarifas protegidas para los medicamentos, y la continuidad de los estudios. Se crea, por tanto, un abono para que surja el rostro del oportunismo, la deshumanización individualista, el egoísmo brutal que, mal que nos pese, nuestra prensa refleja en pocas ocasiones. Vemos, eso sí, una eficiente estrategia del estado cubano para la atención del país, no sólo en capitales y focos poblacionales de importancia, sino en cualquier región, por aislada que se halle, así como las muestras altruistas que los ciudadanos por sí mismos ofrecen en concreto. Una verdad que ningún odio, por arraigado, por básico que surja, debiera echar en saco roto.

No obstante, y para no perder costumbre, no sólo respecto a Cuba sino también en relación con cualquier zona de desastre que puedan someter para sus beneficios, de los Estados Unidos llega un cínico ofrecimiento de ayuda que no refleja otra cosa que su entrenamiento para especular con la desgracia ajena y su inefable visión de superioridad. La respuesta oficial cubana da muestra, en cada una de sus pacientes comunicaciones, de obedecer con responsabilidad a una inteligencia diplomática que para nada pide aislarnos del contexto global que nos implica. El propio candidato a la presidencia norteamericana, Barak Obama, lo ha sugerido oportunamente: que se levanten las restricciones económicas sobre Cuba, siquiera como condición humanitaria. Es una idea atendible, más allá de diferencias de perspectiva política, incluso más allá de la valoración de abusiva, especuladora, criminal, etcétera, que el Bloqueo estadounidense ha demostrado.

Los cubanos necesitamos ahora mismo gestos que demuestren que no todos vivimos para un mundo de exterminio de todos contra todos, acciones concretas, para ahora mismo pero también para después, que no bloqueen la puesta a prueba de nuestras capacidades humanas y que anuncien no sólo que es posible vivir bajo criterios diferentes, enfrentando con valentía las polémicas, sino que no se está esperando para cobros de venganza allí donde la herida surja. Así debían pensarlo los cubanos que, fuera, preferirían colocar su equis de votante en la casilla Mc Cain, en la Obama, Mc Donald o Walt Mart, antes que en la casilla Castro, Machado, Lage, Lazo, Pérez o Gutiérrez. Y así podían asumirlo los que no pierden ocasión para guerrillas Web apenas les llega un comentario sin confirmación de que a cualquier artista disidente le ha pasado tal o cual abuso. Se trata de un problema de Cuba para todos los tiempos. Si no levantarse, condescender al menos, lo cual, perdonen la obviedad pero las actitudes parecen evadirla, implica a los cubanos que vivimos tanto sus carencias como sus esplendores.

Como no sólo se puede, sino que es necesidad de la política actual echar abajo el Bloqueo sobre Cuba, una solución transitoria llamaría a riesgo de fosilización a esa medida. Y pondría en riesgo, se entiende, status de vida de muchos que de esas diferencias se alimentan y hasta de otros pocos que con ella se englorian.

Para explicar su tesis del choteo, Jorge Mañach manejaba entre sus ejemplos el de unos ciudadanos que echaban a reír al ver los techos de las casas volando bajo la furia de un ciclón. En la versión Bergsoniana del humor, ello responde a una crueldad que superior se siente. Y en el arte de Chaplin, para atinar sólo un ejemplo afín, actitudes semejantes reflejan indolencia humana, algo que, aún en su visión, sólo conduce a más miseria humana. Los techos de nuestras casas se han hecho trizas bajo la furia del ciclón; que rían, pues, aquellos que superiores se crean, capaces de especular con la desgracia ajena, aquellos cuya ideología de dominio por shock (como bien lo describe y analiza Naomi Klein en su libro La doctrina del Shock. El auge del Capitalismo del desastre) no les permite reconocerse en la condescendencia y, sobre todo, temen hasta lo hondo contender en igualdad de condiciones. Los que se duelan, que empujen porque volvamos a sufrir por nuestras personales cuitas, a trabajar por cambios que nos permitan vivir de mejor modo.

No es un chiste esta cosa, ni mucho menos un caso para chota. De ahí que sólo pida: Que nos tiren el cabo los que puedan y, sobre todo, que no se abran las vías para que cunda el shock-teo, por favor.

Jorge Ángel Hernández

Santa Clara