La diplomacia estadounidense y la disidencia cubana (1/2) #Cuba

Revisado por Caty R.

Introducción

Desde hace medio siglo, la política exterior de Washington hacia La Habana, cuyo objetivo es conseguir un cambio de régimen, se basa en dos pilares fundamentales: la imposición de sanciones económicas drásticas –que afectan a todos los sectores de la sociedad cubana– y la organización y financiación de una oposición interna.

Así, el 6 de abril de 1960 Lester D. Mallory, subsecretario adjunto de Estado para los Asuntos Interamericanos, recordaba en un memorándum a Roy R. Rubottom Jr., entonces subsecretario de Estado Para los Asuntos Interamericanos, el objetivo de las sanciones económicas:

La mayoría de los cubanos apoya a Castro. No hay oposición política eficaz […]. El único medio posible para aniquilar el apoyo interno [al régimen] es provocar el desencanto y el desaliento por la insatisfacción económica y la penuria […]. Se deben emplear rápidamente todos los medios posibles para debilitar la vida económica de Cuba […]. Una medida que podría tener un fuerte impacto sería negar todo financiamiento o envío a Cuba, lo que reduciría los ingresos monetarios y los salarios reales y provocaría el hambre, la desesperación y el derrocamiento del gobierno”. 1

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Los mejores momentos de la descripción que hace el representante de Estados Unidos de sus asalariados en Cuba:
  • Muchos grupos de oposición son dominados por individuos con encumbrados egos que no trabajan bien en equipo
  • Vemos poca evidencia de que las organizaciones disidentes principales tengan mucho impacto en los cubanos de a pie
  • Las encuestas informales  que hemos hecho entre solicitantes de visas y refugiados muestran que las personalidades disidentes o sus agendas son prácticamente desconocidas
  • Tengan o no las organizaciones de oposición agendas capaces de atraer la atención de una amplia gama de intereses en la isla, es preciso que empiecen por lograr cierto grado de unidad de objetivos como oposición o al menos que dejen de gastar tanta energía en serrucharse el piso los unos a los otros
  • Pese a sus afirmaciones de que representan a “miles de cubanos”, nosotros vemos muy pocas evidencias de ese apoyo, al menos desde nuestra óptica, limitada, en la Habana
  • Cuando cuestionamos a los líderes disidentes sobre sus programas, no vemos plataformas diseñadas para llegar a amplios sectores de la sociedad cubana, sino que más bien dirigen sus mayores esfuerzos a obtener recursos suficientes para solventar las necesidades del día a día de los principales organizadores y sus seguidores claves
  • Si bien la búsqueda de recursos es su principal preocupación, la segunda más importante parece ser limitar o marginar las actividades de sus antiguos aliados de manera de reservarse el poder y el acceso a los escasos recursos
  • Los de la isla acusan a los exiliados de Miami y Madrid de tratar de organizar sus acciones  desde lejos y de no presentar cabalmente sus criterios ante los artífices de política de Washington
  • Resulta irónico que en muchos casos la “comunidad del exilio” incluye a ex disidentes que hace muy poco abandonaron la isla, de manera que sus estrechas relaciones con los disidentes que permanecen en el país no parecen suficientes para mantenerlos en buenos términos con estos
  • Son muy pocos los disidentes, si es que hay alguno, con una visión política aplicable a un gobierno futuro
  • Pese a que no lo admitirían, los disidentes son poco conocidos en Cuba fuera del círculo de los diplomáticos extranjeros y la prensa

Tomado del blog de Iroel Sánchez

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