La energía nuclear y yo

Por aquellos días había leído un reportaje de la planta nuclear en construcción de Juraguá. Poco conocíamos los cubanos de esa energía, y un domingo de agosto, mientras Miguel fumaba un cigarrillo en medio de un apagón, se me ocurrió preguntarle sobre el tema. Tomó lápiz y papel y me explicó lo que eran el núcleo, las barras, las piscinas de enfriamiento y mil cosas más. Hizo cálculos matemáticos sobre lo que significaba para Cuba la inversión, los riesgos, las ventajas; las presiones que llegarían desde Estados Unidos, el colosal gasto de millones de dólares…

No convencido aún, le espeté: ¡Pero bueno, es o no una ventaja! Calándome con esa mirada intensa de hombre viejo nacido entre motores y hierros, me dijo parco:”Si un motor de una planta de hielo se funde, hace así: traaaaa, traaaaaataaaaaatata taaaa, y no pasa nada… Pero en una planta nuclear, cuado la cosa se jode, lo único que te da tiempo a sentir es un ¡pum!

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