Estados Unidos y #Cuba: La normalización de las relaciones (I)

MSc. ELIER RAMÍREZ CAÑEDO

En este trabajo se presenta una síntesis del tema llegando hasta la actualidad, con la intención de demostrar nuestra hipótesis de que la normalización de las relaciones con Cuba, como parte de los objetivos de política exterior de los Estados Unidos, solo estuvo presente durante las administraciones Ford y Carter.

Muchas han sido las investigaciones realizadas tanto por autores cubanos como extranjeros, que de una forma u otra, han abordado la política de Estados Unidos hacia Cuba a partir de 1959. La mayoría de las incursiones en este tema han tenido como objetivo central el estudio de lo que ha sido una característica permanente en la política estadounidense hacia la Cuba revolucionaria: el factor agresivo. Sin embargo, por lo general se han soslayado los pequeños y esporádicos puntos de inflexión que se han hecho visibles en esa política y que al mismo tiempo constituye otro ángulo importante del problema: los momentos en que se han producido intentos de normalizar las relaciones con Cuba. ¿Cuáles fueron los móviles y los intereses que estuvieron detrás de esos intentos? ¿Cuáles fueron las coyunturas que los propiciaron? ¿Cuál fue la estrategia negociadora de Washington en esos casos? ¿Cuál fue la agenda de negociación? ¿Sobre qué base Estados Unidos pretendió buscar una normalización de las relaciones con Cuba? ¿Por qué se frustraron esos intentos? Todas esas incógnitas, permanecen hoy sin respuesta para muchos, pues tanto en Cuba como en Estados Unidos son prácticamente inexistentes las investigaciones que se hayan detenido a indagar en este tópico.1

No estamos hablando en este caso de las negociaciones o rondas de conversaciones que se han producido entre Estados Unidos y Cuba desde que se rompieron las relaciones diplomáticas, pues estas se han desarrollado prácticamente durante todas las administraciones estadounidenses, exceptuando la de George Bush (hijo).

[i] Hasta las administraciones norteamericanas más agresivas con la Isla,  no han dudado sentarse a negociar sobre aspectos que han constituido de su interés nacional. [ii]Sin embargo, solo nos estamos refiriendo a los momentos en que se ha visualizado la intención de Washington de labrar el camino en función de la normalización de las relaciones con Cuba. Eso solo tuvo lugar durante las administraciones de Gerald Ford (1974-1977) y de Jimmy Carter (1977-1981), pero ambas administraciones tuvieron un antecedente ineludible durante la presidencia de J.F.Kennedy (1961-1963).

En este trabajo se presenta una síntesis del tema llegando hasta la actualidad, con la intención de demostrar nuestra hipótesis de que la normalización de las relaciones con Cuba, como parte de los objetivos de política exterior de los Estados Unidos, solo estuvo presente durante las administraciones Ford y Carter, y no como interés estratégico, sino más bien como un recurso táctico de Washington para satisfacer otros intereses de mayor prioridad en su política exterior y, a la larga, lograr el mismo objetivo deseado desde 1959: el cambio de régimen en Cuba.

J.F.Kennedy y los tanteos de un modus vivendi con Cuba.

En 1963, junto a las propuestas de sabotaje encubierto, presiones diplomáticas y planes de contingencia militar, en los documentos ultrasecretos del Consejo de Seguridad Nacional de los Estados Unidos se incluía la posibilidad de un desarrollo gradual de cierta forma de arreglo con la Isla. Esta opción diplomática de acercamiento a Cuba fue aprobada por el presidente estadounidense J.F.Kennedy y como parte de ella se celebraron varios contactos en New York entre el embajador cubano en Naciones Unidas, Carlos Lechuga, y el funcionario estadounidense en dicho organismo internacional, William Atwood. La idea en esencia era explorar qué estaba dispuesta Cuba a ceder a los Estados Unidos a cambio de un modus vivendi.[iii]

Como parte de esta iniciativa el mismo día en que se produjo el asesinato de Kennedy, el 22 de noviembre de 1963, el periodista francés Jean Daniel conversaba con Fidel Castro y le trasmitía un mensaje conciliador de Kennedy. Con Lyndon Baines Johnson en la Casa Blanca, como sucesor de Kennedy, esta iniciativa no encontró continuidad.

Decir que de no haber ocurrido el asesinato de Kennedy, se habría logrado un acomodo entre Cuba y Estados Unidos, sería una especulación, pero hay algo que debe tenerse en cuenta, habían razones profundas, más allá de las relaciones de Cuba con la Unión Soviética y el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina, que le quitaban el sueño a los círculos de poder estadounidenses y los aferraba a la idea de destruir el proyecto cubano; así lo ilustró claramente un documento del Departamento de Estado fechado el 13 de febrero de 1964: “El hecho es que Castro representa un desafío exitoso a Estados Unidos, una negación de toda nuestra política hemisférica durante casi siglo y medio. Antes de Castro, ningún latinoamericano tuvo la certeza de que se saldría con la suya con una revolución de corte comunista y un vínculo con la Unión Soviética. Mientras Castro perdure, los comunistas de otros países latinoamericanos pueden, para emplear las palabras de Stalin, “luchar con la moral muy alta”.[iv]

La relación de la Isla con la Unión Soviética y el apoyo de la misma a los movimientos revolucionarios en América Latina eran los focos más apremiantes de Estados Unidos en su política hacia Cuba en aquellos años, pues ambos elementos de la política exterior de la Isla eran los que más golpeaban los llamados “intereses vitales” de los Estados Unidos, pero en ellos no estribaba, como muchos han pensado y divulgado durante años, la esencia del conflicto. Las ansias hegemónicas de un lado (Estados Unidos) y la voluntad soberana del otro (Cuba) era la verdadera esencia de la confrontación y esta se había mantenido inquebrantable desde el siglo anterior. Por esa razón, considero que, aunque las dos variables anteriores no hubieran existido en aquellos años, sería festinado concluir que se hubiera alcanzado la normalización de las relaciones entre ambos países, pues el objetivo fundamental de Estados Unidos continuaba siendo cercenar la voluntad soberana de Cuba, primero en política exterior y luego en política interna. Así quedó de manifiesto cuando Gordon Chase, que se desempeñaba como asistente del asesor para Asuntos de Seguridad Nacional, le escribió a su jefe McGeorge Bundy lo siguiente: “Probablemente pudiéramos neutralizar a corto plazo por lo menos dos de nuestras principales preocupaciones en relación con Castro: la reintroducción de los misiles ofensivos y la subversión cubana. A largo plazo, podríamos trabajar en la eliminación de Castro a nuestra conveniencia y desde una posición de ventaja”.[v]

Lo que proponía Chase no era más que una manera distinta de presentar y ejecutar la política de Estados Unidos hacia Cuba a través de métodos más suaves, flexibles y sutiles. Mas está claro que la finalidad de dicha política permanecía inmutable: cercenar la postura soberana de Cuba en política exterior a corto plazo (sobre todo en lo que respecta a sus relaciones con la URSS y el apoyo a los movimientos revolucionarios en América Latina) y destruir a largo plazo la Revolución Cubana, con lo que quedarían satisfechos absolutamente los intereses fundamentales de Washington.

La administración Kennedy constituyó un antecedente importante de lo que sucedería luego durante las administraciones Ford y Carter, cuando estas condicionaron el avance del proceso de normalización de las relaciones a la limitación del activismo internacional de Cuba.


[i]“Aunque se conoce poco, desde que el gobierno de Eisenhower rompió relaciones con Cuba el 3 de enero de 1961, todos los presidentes han establecido algún tipo de diálogo con Fidel Castro –con la excepción de George W. Bush- Desde Kennedy a Clinton, gobierno estadounidense tras otro ha negociado acuerdos migratorios, tratados contra el terrorismo, acuerdos de lucha contra el narcotráfico y acuerdos bilaterales de otro tipo. Tras bambalinas, los Estados Unidos y Cuba han recurrido a menudo a la diplomacia clandestina para analizar y resolver crisis, que van desde tensiones en la base militar estadounidense en Guantánamo hasta los planes terroristas contra Cuba”. Véase en Peter Kornbluh and William M. Leogrande, “Talking with Castro”, en Cigar Aficionado, febrero de 2009.

[ii]Ejemplo de ello fueron las negociaciones desarrolladas durante la administración Johnson respecto al tema migratorio, las ocurridas bajo el mandato de Nixon y que condujeron a un acuerdo entre ambos países contra secuestros aéreos y marítimos, las que culminaron en el acuerdo migratorio de 1984 durante la administración Reagan, las que, debido a las estremecedoras victorias de los cubanos en suelo africano, tuvo que consentir también Reagan en 1988 para solucionar el conflicto bélico en ese continente, y las celebradas para resolver la crisis migratoria de 1994 durante la administración Clinton.

[iii] Para ampliar véase Elier Ramírez Cañedo, “J.F.Kennedy y la idea de la dulce aproximación a Cuba”, La Jiribilla, marzo 2010, no 463.

[iv] Citado por Piero Gleijeses en: Misiones en Conflicto: La Habana, Washington y África. 1959-1976, Editorial de Ciencias Sociales, Ciudad de La Habana, 2004, (segunda edición), p.47.

[v] Memorándum de Gordon Chase a Bundy, 11 de abril de 1963, documentos desclasificados, http://www.gwu.edu/~nsarchiv/, (Internet), (traducción del ESTI)

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4 comentarios

  1. […] Estados Unidos y #Cuba: La normalización de las relaciones (III) Publicado el Octubre 6, 2010 por Yohandry Fontana Estados Unidos y #Cuba: La normalización de las relaciones (I) […]

  2. […] Estados Unidos y #Cuba: La normalización de las relaciones (I) […]

  3. A mi modo de ver las relaciones de EE.UU y cuba no han tenido ninguna mejoria al no ser por las dos administraciones que se mencionan en el articulo publicado, a medidas que pasa una administracion nueva por los EE.UU, en vez de mejorar las relaciones y tratar de bucar una solucion, lo que ponen son medidas cada vez mas fuerte para recrudecer cada vez el bloque economico, comercial y financiero impuesto a nuestro pais.

  4. Esto nos demuestra que nunca ha estado en sus planes establecer relaciones con la isla, ya sea de carácter político como administrativo, nunca van a olvidar lo sucedido en Girón, u otra batalla que perdieron no por la fortaleza de los cubanos sino por su incapacidad.

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