EEUU deja larga secuela de muertes en Iraq

Miguel Maury Guerrero

El anuncio del fin de la guerra en Iraq por el Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, luego de siete años y medio de contienda, deja más de 106 mil muertes civiles y la casi total destrucción de ese país.

En su discurso a la nación, el mandatario responsabilizó ahora a los iraquíes con la seguridad de su patria, que los estadounidense lograron desestabilizar, y donde las operaciones militares han costado a Washington un billón de dólares, según cálculos del Pentágono considerados conservadores por analistas.

Obama informó que unos 50 mil efectivos de su país permanecerán en ese territorio árabe sólo en misión de entrenamiento y asesoría, algo que muchos analistas dudan en vista de la desunión, desconfianza y belicosidad reinante en las ciudades.

Muchos medios de prensa destacan este miércoles que, transcurridos siete años de guerra y violencias, “Iraq no ha encontrado estabilidad en el ámbito político ni en el de la seguridad”.

Casi seis meses después de las elecciones del siete de marzo, los partidos carecen de acuerdo para formar un nuevo gobierno y se multiplican las amenazas de confrontaciones que puedan desembocar en una guerra civil.

A su vez, durante ceremonia efectuada este miércoles en la base norteamericana de Camp Victory, en los alrededores de Bagdad, el vicepresidente Joe Biden bautizó como  “Nuevo Amanecer” a la contienda iniciada el 20 de marzo de 2003.

Medios de prensa  internacionales recordaron que la misma cobró la vida, hasta mediados de julio pasado, de cuatro mil 415 soldados estadounidenses y de unos 12 mil miembros de las llamadas fuerzas de seguridad locales

La “Operación Libertad Iraquí” ha terminado, pero nuestro compromiso continúa mediante la que denominaremos “Nuevo Amanecer”, declaró Biden, de acuerdo con un reporte de Telesur.

En opinión de analistas, con el anuncio, Biden sólo dio curso a la farsa montada por el gobernante demócrata, dirigida a vender la imagen del fin del conflicto, sólo con el cambio de su nomenclatura.

Al responder a preguntas de la prensa en la base militar de Camp Ramadi, unos 100 kilómetros al oeste de Bagdad, Robert Gates, ministro de Defensa de EEUU, aseguró que su país “ya no está en guerra” y criticó al Presidente George W. Bush al recordar los pretextos esgrimidos por éste para iniciar el ataque contra Iraq el 20 de marzo de 2003.

“El problema de esta guerra para todos los norteamericanos es que las razones que se esgrimieron para justificarla no resultaron válidas y ensombrecen el balance final”, afirmó en referencia a la supuesta posesión de armas de destrucción masiva invocada entonces por la administración republicana para realizar la agresión.

Pretextando la existencia de tales armamentos que nunca aparecieron, Iraq fue invadido por tropas estadounidenses y británicas, apoyadas por las de Australia, España, Dinamarca y Polonia, países con un aporte a la operación prácticamente simbólico.

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