José María Aznar. ¿”mambí” o mercenario pudoroso?

Por M. H. Lagarde

Que José María Aznar se reúna con los mercenarios acogidos por España después de ser liberados en Cuba es lo más lógico si se tiene en cuenta que el ex presidente español, así como el partido a que pertenece, el PP, si pudieran, convertirían a España en un Estado Asociado de EE.UU.

No es de extrañar por tanto, que Aznar, el cómplice de Estados Unidos en las masacres de los pueblos yugoslavos e iraquí, y quien permitió los vuelos secretos de la CIA sobre territorio español, se sienta identificado con los mercenarios cubanos entrenados y pagados por la Oficina de Intereses de Estados Unidos en La Habana.

Baste recordar que la Posición Común contra Cuba, impuesta durante su gobierno, en 1996, además de funcionar como el complemento europeo de las leyes norteamericanas Torrichelli y Helms Burton, tiene como principal fin defender, chantaje económico mediante, la impunidad de una oposición, los llamados “disidentes” cubanos, creada a fuerza de dólares desde Langley.

Tampoco es de extrañar que el presidente de FAES se explaye durante su encuentro con los mercenarios cubanos en sandeces acordes con su actuar e ideología proimperialista y, por supuesto, pida la prolongación de la Posición Común europea contra la Isla.

Lo que sí llama la atención de la comparecencia de Aznar en su bienvenida a los mercenarios, es el cinismo de terminar su alocución con un sonado “Viva Cuba libre”.

Para quienes no lo saben “Viva Cuba libre” fue el grito de guerra usado por los mambises cubanos durante las guerras de independencia del colonialismo español, donde, casualmente, uno de los antepasados de

Aznar, su tío bisabuelo, el comandante español, Eduardo Aznar, sobresalió por un acto de notable cobardía.

Aseguran los cronistas que cuando el cadáver del mayor General Ignacio Agramonte, el más demócrata de los mambises cubanos, llegó a Puerto Príncipe –hoy Camagüey- atravesado en el lomo de una mula, el comandante español Eduardo Aznar, hizo su entrada en la historia de Cuba al darle un fustazo al cuerpo inanimado y exclamar:

–¡Vamos, si tan guapo eres, hazme correr ahora!

Ese día, en la plaza central de la ciudad, los soldados españoles celebraron la victoria de asesinar a uno de los principales jefes del ejército mambí con gritos de: ¡Viva Cuba española!

Al final, como se sabe, ni Cuba fue libre y mucho menos española. La intervención norteamericana en la guerra convirtió a la Isla en una neocolonia estadounidense que perduró hasta el triunfo de la revolución Cubana, el primero de enero de 1959.

De entonces acá, Estados Unidos no ha cesado, infructuosamente, de recuperar la fruta pérdida y para ello ha echado mano de cuanto mercenario esté presto a ponerse a su servicio, ya sea dentro de la Isla o en otras latitudes.

José María Aznar es uno de esos a quienes, al parecer, la vergüenza de su impúdico entreguismo les impide gritar:

–¡Viva Cuba yanqui!

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