Histórico concierto de Silvio Rodríguez en Nueva York

Julio Valdeón | Nueva York

Treinta años, treinta, ha necesitado el cantautor legendario para recorrer los dos mil kilómetros que separan el Karl Marx del Carnegie Hall. Al espacio mítico, donde tocan las grandes orquestas, llegaba un Silvio Rodriguez orgulloso. Traía al hombro su zurrón de canciones tremendas.

El público lo esperaba como los taurinos a José Tomás en el día de su regreso. Descontada la presencia testimonial de partidarios y detractores de la Revolución a las puertas del teatro, clausuradas las ruedas de prensa, podía dedicarse a lo suyo, a lo que mejor hace, a deshojar un repertorio deslumbrante, con pocos equivalentes en lengua castellana.

Sus canciones, telúricas, han puesto banda sonora a un tiempo de rosas y fusiles. Juega en la liga de los titanes. El grupo que lo acompaña exuda virtuosismo. A veces, como en el caso de El necio o La maza, espolvorea matices insospechados, imaginativos, golosos. En otros momentos, sin embargo, toda la brillante fanfarria de bajos, flautas, guitarras y baterías apenas suma. Más bien emborrona. Algo similar ocurre en no pocas de sus grabaciones, que muestran los auténticos poderes, las agujas de hielo o fuego ocultas, al recrearlas sin ayuda, casi susurradas.

Quedó patente durante los bises, cuando el trovador de San Antonio de los Baños se quedó solo para cantar Unicornio y Ojalá. Su inimitable fraseo, fuerza dramática, exacto concepto de lo trágico, alcanzan la médula por la vía de la desnudez. Como escribiera Manuel Vázquez Montalbán hablando de Dashiell Hammett, el mejor Silvio, por fosforescentes que sean las letras que ha parido, “trabaja por el procedimiento del vaciado”. Con tanto músico la fiera naturaleza de esas tonadas, oculta paras quienes erróneamente las consideran demasiado sentimentales, didácticas o blandas, pierde colmillo.

Sea como fuere, a esas alturas del recital el respetable había enloquecido. En realidad, temblaba de pura fiebre desde el principio. Hubiera dado igual que tocara acústico o eléctrico, solo o en compañía de un coro gregoriano. Gravitaba sobre la platea la justa certidumbre de asistir a un momento decisivo. Había ganas de tocar palmas, de corear canciones mil veces escuchadas que forman parte, por derecho, del imaginario sentimental hispanohablante.

En el claro de luna, Sueño con serpientes, El Escaramujo, Una mujer con sombrero, Quién fuera, La gaviota, Canción del elegido… los clásicos se amontonaban uno tras otro; los temas más recientes, caso de Cita con ángeles, no desmerecían. Ya decimos que hubiera sido preferible verlo sin tanto arabesco, pero es lo que hay. No fue poco. En la Séptima Avenida con la calle Cincuenta y Siete, las últimas cuatro décadas de América borbotearon merced a unos versos colosales, en un atlas de espadas y niebla, denuncias, sones y anhelos que Silvio Rodríguez Domínguez profetiza y entierra con voz metálica.

El duende, impredecible, caprichoso, mostró su aguijón a cuentagotas, mas para eso tal vez estén los viejos discos, el recuerdo de otros conciertos en otras latitudes. En Nueva York, esta noche, se trataba de un asunto distinto, acaso de hacer historia, de saldar cuentas.

Tomado de El Mundo

7 comentarios

  1. Vivo en Tijuana, Mexico
    y me gustaria saber cuando y donde se presentara
    Silvio proximamente, es de verdad importante para
    mi, he escuchadoa Silvio desde 1986, cuando conoci
    su musica con Pequeña Serenata Diurna.
    Gracias..

  2. Silvio!!! grande
    Qué vigente su música…
    Exitos y que se cuide mucho…

  3. Silvio, siempre ha sido ha sido querido por su pueblo , y siempre ha defendido al mismo,sin importar nada, su música ha sido himno para muchas generaciones que la han tarareado de rincón en rincón, que la han sentido como suya , su música identifica al pueblo cubano, en cada una de sus letras hay un pedazo de Cuba, felicidades Silvio logras lo que te mereces aunque pienso que mereces mucho más , Tu pueblo te quiere.

  4. Silvio realmente triunfó, y cuando decimos que trinfó no nos referimos a que ganó miles de dolares, sino algo mejor, se ganó la simpatía del publico de New York.

  5. No se llama triunfar a ganar mucho dinero durante una gira, no se trata de ganarse al presidente, sino al pueblo, y que las canciones de un artista irrumpan un corazón duro y sin sentimientos, de eso se trata de acostarse a dormir tranquilo con solo el hecho de pensar que una canción pudo cambiar la vida y mentalidad de las personas, no todo es dinero en esta vida, hay cosas mucho más importantes en el mundo.

  6. Si que es histórico, es emocionante y hasta envidiable estar rodeados de tanta que pueden que no amen la música pero que la amarán,Silvio es un ejemplo de altruismo, del que todos los de Nueva York aprenderán un poquito, todas sus composiciones tienen un objetivo y un sentimiento escondido, llegue esto a todos los que quieran limpiar su alma.

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