El Gallicidio del play off

Por Elsa Ramos Ramírez

He buscado, como usted, el calificativo más adecuado. Minutos después de consumada la humillante y vergonzosa derrota de Sancti Spíritus ante Industriales creo haberlo encontrado: los Gallos no tienen espuelas para jugar los play off.

Más allá de estadísticas o de estrategias, esta es la única explicación que encuentro para lo que considero el Gallicidio de la serie. Ahora mismo pudiera remitirlo a todos los comentarios que he escrito antes y usted encontrará puntos de contacto en mis criterios.

Sólo que esta vez los Gallos fueron como nunca antes de lo sublime al ridículo y lo decepcionante. Porque si en una serie salieron como archifavoritos por el peso de su actuación en la fase regular y por el tipo de rival que tenían delante, fue en esta.

Pero el favoritismo no concede la victoria per se. Sin demeritar el aplastante y merecido triunfo azul, los Gallos sólo facilitaron lo que siempre: hacer grande a un rival que no lo era. Pienso que Industriales le robó la iniciativa desde el primer partido cuando probó que les podía ganar y sin muchas armas, por cierto.

Desde ahí se le plantó a Sancti Spíritus y le perdió el miedo y el respeto también. Lo demás fue fácil: darle una clase magistral de cómo se juega una postemporada, con capacidad para remontar tres veces marcadores y juegos adversos como en el tercer partido cuando descontaron una desventaja 3-4, o empatar en el mismo primer capítulo del cuarto, o voltear un 0-2 en el quinto y decisivo partido ante el mejor lanzador de los espirituanos para ganar eso que llaman el juego clave, el que les impediría regresar al “Huelga”. Eso se llama garra y corazón. Como también lo es que Raiko Olivares salga de su anonimato y decida un partido como mismo lo hizo el tercer receptor Jokel Gil o Rudy Reyes, que con menos de 100 de average, decida un partido. O que Malleta se robe las dos primeras bases de la serie, o que la defensa luzca infalible, no sólo por cometer apenas un error en cinco juegos, sino por los engarces que consiguió.

Industriales no jugó contra las estadísticas de los Gallos porque esas en un play off no deciden. Jugó contra hombres que en las mismas circunstancias fueron incapaces otra vez de quitarse de encima la etiqueta de no saber definir en momentos cruciales. De nuevo la ofensiva fue dominada de punta a cabo (259), por demás frente a un pitcheo mediocre.

Un equipo que presume de ser bateador tiene que demostrarlo ahí. De 58 hombres en posición anotadora en el play off sólo llegaron al home 12. El equipo líder en jonrones, sólo pudo conectar dos, ninguno en momentos decisivos. En cuanto a average, sus hombres grandes no lo fueron tanto: Yulieski de 20-6, Cepeda de 15-4 y Eriel de 21-3.

En el reverso, sus lanzadores soportaron 27 anotaciones, incluidos cinco jonrones. Para colmo, su mejor pitcher en números, Ángel Peña, no pudo demostrarlo.

No saber jugar play off es no remontar un marcador aunque sea pequeño de dos carreras, tropezar tres veces entre dos jugadores por no pedir la bola, que Ismel Jiménez, con su calidad, no sepa defender una ventaja de 2-0 -ante cualquier duda, remitirse al play off Cienfuegos-La Habana-, o que ningún relevista pueda sacar la casta que los llevó al primer lugar de la serie. A un equipo que lo aprovecha todo no se le pueden regalar las carreras. 

No saber jugar en postemporada es darse por derrotado apenas el contrario se le va encima, es ver un banco adormecido, rostros lánguidos en la dirección y un equipo mudo de acción en el terreno. Usted puede perder. La pelota es un juego, pero hay que hacerlo con honor. Que los Gallos hayan podido ganar tan sólo un juego, y que hayan permitido marcadores abultados de 9-4 y un 8-3 lapidario en el cierre deja mucho que desear.

Si en otras series hemos encontrado asideros para tratar de explicar la derrota, esta vez no ocurre así. Resueltos en la fase regular el eterno problema del pitcheo (segundos del país y primeros en relevo) y el de la defensa, ¿a quién le echamos ahora la culpa? Retomo las palabras del director nacional de béisbol Higinio Vélez, en la conformación del equipo: “Este pueblo no resiste otro cuento que no sea la victoria”.

Estrategias discutibles existieron como siempre: ¿por qué tocar ayer con Mendoza con tres carreras debajo?, ¿hay que esperar a que le den cuatro líneas seguidas a Yoén Socarrás para luego extraerlo?, ¿por qué no se empleó más a Ramón Licor, zurdo históricamente efectivo contra los Azules?, ¿por qué insistir con Liván Monteagudo con su baja ofensiva (de 16-2)?, ¿a dónde fue a parar el defendido juego táctico tan divulgado por sus preparadores? Aclaro, ninguna de estas causas decidieron en la derrota.

Este equipo lo ha demostrado una y otra vez, en los play off se adormece, se aminora… No soporta ningún tipo de presión y fue presa de su propio mal, un mal que parece eterno.

Los Gallos no cumplieron ni con ellos mismos. Con la licencia de los psicólogos: mientras este equipo no suba en el terreno su autoestima colectiva, mientras no se pare en 32, en buen cubano hablando, le faltarán millas para ser GRANDE y para hacer honor a su nombre.