El encantador de tijeras

                                                 A dónde va lo común

                                       lo de todos los días

                                                      Silvio Rodríguez

Amolador de tijeras

Por saberlo tan común a nuestra realidad inmediata, muchas veces pasa inadvertido. Sin embargo, cada mañana de domingo su llamado característico se cuela por las ventanas de apartamentos y casas, haciéndose sitio entre el ronroneo de la lavadora y el borboritar de la olla de presión, avisando que ahí llegó el amolador.

Es probable que en otras latitudes tal personaje no exista, o al menos no como suele vérsele por aquí: lo precede el singular llamado de una especie de silbato de varias notas que hace sonar insistentemente, y luego, se instala él en cualquier esquina concurrida donde hace girar la rueda de madera dura. Es un extrañísimo artefacto basado en un elemental principio físico de poleas y correas que hacen mover, mediante un pedal, la piedra  de esmeril.

Las amas de casa dejan las cosas a medio hacer y, con el delantal húmedo en el vientre, bajan escaleras y soportales siguiendo el llamado de este Hamelin habanero. Tijeras y cuchillos pasan a sus añejas manos. Las ruedas giran y del roce entre el metal y la piedra salta un surtidor de chispas, miniaturas de fuegos artificiales que le nacen de entre los dedos toscos y manchados al amolador.

Nadie se asombra al verlo entre chispas naranja y resplandor de metales, pero si un domingo empezara a hacerse medio día sin que se escuchase el musical llamado del amolador, algo le faltaría irremediablemente a la mañana, y el canto de las niñas en el parquecito sonaría a duelo: “alánimo, alánimo; la fuente se rompió…”

Yohandry Fontana

La Habana

151 comentarios

  1. Jissai lam:

    Te lo voy a dejar masticadito:

    Muy mal tiene que estar un gobierno cuando justifica su permanencia en el poder con lo malo de otros gobiernos, y no, con lo bueno que él pueda tener.

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