Zelaya regresará hoy a Honduras

Manuel Zelaya, presidente de Honduras

Manuel Zelaya, presidente de Honduras

El presidente de Honduras, Manuel Zelaya, declaró a Telesur que estará arribando a Tegucigalpa sobre las dos de la tarde, y convocó a la población a esperar a su presidente legítimo.

Declaró a la televisora que le han recomendado no regresar, pero que estará acompañado del Secretario General de la OEA,  José Miguel Insulza.

“En Honduras existe un solo presidente” y regresaré en paz, sentenció.

Desde Tegucigalpa se conoció que el aeropuerto de esa ciudad está cerrado y que no fue autorizado el aterrizaje del avión en el que retornaría Zelaya a Honduras.

Telesur mostró anoche a franco tiradores apostados en las instalaciones del aeropuerto de Tegucigalpa, y hoy en la mañana la corresponsal señaló el refuerzo de la presencia militar en la terminal aérea.

Israel Salinas, de la Confederación Unitaria de Trabajadores en Honduras, dijo a Telesur que trabajadores, estudiantes, población en general se preparan para partir hacia el aeropuerto de Tegucigalpa a esperar a Zelaya.

Fuentes del Ministerio de Salud de Cuba informaron que los médicos cubanos están bien de salud, se han comunicado con sus familiares y hoy asisten a los hospitales y centros de salud de las comunidades donde laboran.

Yohandry Fontana

La Habana   

La legalidad burguesa y la democracia en Honduras

Enrique Ubieta Gómez

I
Hay declaraciones que deben ser revisitadas una y otra vez hasta descubrir en ellas su sentido último. Cuando se trata de sucesos oscuros, sustentados en tramas secretas, como los golpes de estado (especialidad en la que los latinoamericanos han sido aventajados alumnos de la Escuela de las Américas), el comportamiento de la gran prensa –en lo que dice, en cómo lo dice, en las palabras que emplea y en lo que no dice–, es el hilo de Ariadna que puede conducir a la verdad. En la madeja noticiosa hay que descartar los pronunciamientos formales de los políticos, y evadir las tácticas dilatorias. ¿Por qué EFE y AFP, CNN y PRISA (El Nuevo Herald, en su versión miamense y El País, en su versión madrileña) y otros medios oficiosos, emplearon de inmediato la palabra “detención” y no “secuestro” para informar sobre la expulsión de Zelaya? Todos denunciamos ese primer escamoteo verbal de la verdad, que esclarecía sin embargo el verdadero sentimiento de los círculos de poder imperial. Ayer comenté un editorial de The Wall Street Journal, que arrojaba nuevas luces sobre aquel término, al que tuvieron que renunciar temporalmente los medios citados, para recuperarlo después del aluvión de “noticias” que criminalizaba directa e indirectamente al presidente depuesto por violar una “legalidad” antidemocrática, y que soslayaba las múltiples violaciones a la Constitución de los golpistas. El periódico norteamericano regañaba ayer a los militares, no por efectuar un golpe de estado, sino por no seguir el guión que –ahora aparece más claro–, tenían ya en su poder los medios de la gran prensa. El editorial era muy explícito en esto: “la ruta correcta era la de destituir a Zelaya y entonces detenerlo por violar la ley”. Los golpistas anunciaron enseguida que Zelaya sería detenido si regresaba a Honduras, y vienen preparando desde hace unos días los cargos que le serán imputados. Nadie debe dudar de la participación directa de sectores estadounidenses de poder en el golpe de estado y de la manipulación y conducción de su derrotero posterior. Si Goriletti se muestra desafiante ante la inútil e inexistente OEA, ello se debe única y exclusivamente a que el semáforo de su despacho –conectado a Washington, como es lógico–, tiene la luz verde de forma estable e intermitente, para que avance con cuidado. Aunque él sabe que según transcurran los acontecimientos, puede cambiar el color.

 

II
Veamos los hechos desde otra perspectiva: los mecanismos tradicionales de la democracia representativa, construidos para producir el relevo formal de mandatarios ideológicamente afines al sistema, con diferencias de personalidad, o de encomienda, o de criterios de efectividad con respecto a políticas concretas, fue sucesivamente dinamitado en Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Honduras y recientemente en El Salvador. Cuando digo que fue dinamitado, no me refiero a que hayan sido violadas “las reglas democráticas”, sino al hecho inusitado de que esos mecanismos que habían funcionado de forma impecable durante siglos en la reproducción “consentida” de la explotación, empezaran a producir resultados adversos a ella. La llamada “alternabilidad” de la democracia representativa –de personas, no de tendencias–, debía funcionar en este caso como un correctivo natural: cuatro o cinco años después podría rectificarse el rumbo de algún presidente descarriado. ¿Qué pasa si la voluntad popular no se atiene al juego preestablecido y desconoce democráticamente “las reglas”? ¿qué pasa si a pesar del dinero y del empeño de la CIA y sus oligarcas nacionales, cuatro o cinco años más tarde el sistema no puede reponer en el poder a un representante de sus intereses?, ¿si lejos de funcionar el mecanismo correctivo, se multiplican y perpetúan los triunfos electorales de la izquierda?
Honduras es sin dudas una advertencia. Y un experimento. Si la democracia no sirve para garantizar los intereses del imperialismo y de las oligarquías nacionales, simplemente no sirve. La opción de las dictaduras militares de los 70 y 80 como respuesta a los “accidentes democráticos” como la victoria electoral de Salvador Allende (recuérdese que la guerra civil en España, el fascismo italiano y el nazismo alemán fueron respuestas a reales o posibles triunfos en las urnas de los comunistas europeos, y que “la guerra preventiva” de los neoconservadores responde a la misma lógica fascista) parecían temporalmente descartadas con la elección de Barack Obama. Demasiados muertos y desaparecidos viven en la memoria popular. Sin embargo, los neoconservadores, con amplios nexos en las estructuras militares y de espionaje de su país y del continente, estaban alarmados con el nuevo rumbo de América Latina, recientemente ratificado en el desplante de las Cumbres de Trinidad y Tobago y de Honduras. La estrategia entonces queda definida en las recomendaciones y los regaños de The Wall Street Journal: construir una “nueva” legalidad que permita transformar los golpes de estado, las intervenciones quirúrgicas del ejército, en “rectificaciones leguyelas”. Cuando las agencias oficiosas de prensa y los grandes medios hablaban en las primeras horas de detención, no usaban una palabra elegida al azar.

 

III
¿Cómo se percibe a sí mismo el neo-golpismo latinoamericano? En Internet puede encontrarse fácilmente una entrevista con el asesor jurídico del jefe del Estado Mayor Conjunto del Ejército hondureño, coronel Herberth Bayardo Inestroza, un hombre que reconoce con orgullo haber combatido en los 80 a “los movimientos subversivos” de su país y que declara sin reparos cívicos que “difícilmente nosotros (se refiere al Ejército), con nuestra formación, podemos tener relación con un gobierno de izquierda. Eso es imposible”, aún si ese gobierno fue el elegido en las urnas por el pueblo. El periodista pregunta si cree viable el regreso de Zelaya al país y responde amenazante: “Imposible. Si él es inteligente no va a regresar a Honduras. Ya Chávez dijo que no venía a Honduras y dijo por qué, y ustedes lo saben: dijo que tenía temor a un francotirador”. ¿Y debería tener temor a un francotirador?, volvió a preguntar el periodista: “(Chávez) debe tener miedo, claro”, respondió. Es difícil aceptar la versión del “golpe democrático” que The Wall Street Journal quiere imponer, frente a este militar soberbio y cínico. El coronel Bayardo, por ejemplo, se muestra convencido de que Zelaya hubiese obtenido apoyo popular para la encuesta que se abriría el domingo: “Si esa encuesta de opinión se hubiera realizado el domingo, con el resultado ellos legitimaban el proceso, y a las 18 horas del mismo domingo 28 instalaban la Constituyente”. Según las instituciones que el coronel representa y defiende, paradójicamente, Zelaya estaba fuera de la ley (burguesa) y por lo tanto, el apoyo del pueblo, de las “turbas”, como llama a sus partidarios, era peligrosamente “antidemocrático”. Y ese convencimiento –que Zelaya contaba con apoyo popular–, es también lo que determina que rompa el guión imperial: “¿Qué era más beneficioso, sacar a este señor de Honduras o presentarlo al Ministerio Público y que una turba asaltara y quemara y destruyera, y que nosotros tuviéramos que disparar?”, declara. Lo que no impide por supuesto que reprima y dispare horas después a manifestantes desarmados. La nueva legalidad burguesa en Honduras no se detiene en minucias:
“Zelaya dice que con los soldados que entraron iban civiles encapuchados
No es cierto.
La canciller dice lo mismo. ¿Por qué procedieron contra la canciller? ¿También había orden de captura?
Sí, claro.
¿Y a ella de qué la acusaban?
Mejor diga de qué no la acusaban, porque qué no hizo esta gente…
¿Y dónde está esa orden de captura?
En su momento van a salir todas esas órdenes de captura”.
El golpe de estado en Honduras es un acto desesperado de la burguesía contra la democracia burguesa, es decir, contra un mecanismo que había dejado de funcionar como se esperaba. Es un golpe de estado contra el ALBA. ¿Qué sucederá en las próximas horas? A pesar del repudio internacional casi unánime, se aprecia la solapada simpatía de ciertos medios y de algunos analistas, se perciben los hilos ocultos que cruzan de un lado a otro por debajo de la mesa. No será la legalidad burguesa la que restaure a Zelaya. Lo hará el pueblo, con el apoyo de todos los pueblos. Son horas decisivas para el destino de América, la nuestra.

Honduras: golpe contra la democracia… y Obama (III)

Eliades Acosta Matos
http://www.la-isla-desconocida.blogspot.com/

John Negroponte es uno de los tiburones del acuario neoconservador. Jaime Daremblum, apenas un limpia-peceras, esos parias encargados de hacer desaparecer los detritus del fondo, los restos de la digestión de los que mandan. Por eso en la crisis hondureña, fangosa y arriesgada para las reputaciones de los guapos del barrio político de la derecha yanqui, Negroponte, ex embajador en Honduras calla, reservado, y mandan a la hoguera con las torpezas de su artículo a un locuaz Jaime Daremblun. Alguien tenía que sacar la cara a nombre del clan, y si el Sr. Daremblum quería seguir luciendo sus costosas corbatas, justo es que reciba una buena dosis de los guantazos conque la opinión pública mundial, los organismos internacionales y los gobiernos del mundo “aplauden” sus tesis de que en Honduras no ha habido un golpe de estado, apenas una “reacción contra un líder que había pisoteado la ley”, y que la “participación del ejército fue simbólica, autorizado por la Corte Suprema”.

Quien desee compilar una cartografía con los itinerarios del odio neoconservador contra los procesos democráticos de América Latina, no podrá eludir la ardua tarea de leer los artículos farragosos de Jaime Daremblum:
— ¿Sobre la revolución bolivariana y Hugo Chavez?, “Las peligrosas conexiones de Chávez”, del 24 de septiembre del 2008 y “El proyecto dictatorial de Chávez”, del 4 de febrero del 2009.
— ¿Sobre Argentina y la presidente Cristina Kirchner?, “Argentina cuesta abajo”, del 5 de noviembre del 2008.
— ¿Sobre Bolivia y el presidente Evo Morales? “El triste caso de Bolivia”, del 11 de marzo del 2009.
— ¿Sobre Nicaragua y el presidente Daniel Ortega?, “Una ayudita al comandante Ortega”, del 15 de abril del 2009.
— ¿Sobre la Revolución cubana? “Cuba no califica”, del 17 de junio del 2009.
— ¿Sobre las relaciones entre los gobiernos latinoamericanos e Irán? “Ofensiva iraní en Latinoamérica”, del 27 de mayo del 2009, y “Ortega y Chávez abrazan a Ahmadineyab”, del 25 de junio del 2009, apenas dos días antes del golpe en Honduras.

Como se observa, el Sr. Daremblum tiene sobrados méritos para ser el actual director de los “especialistas en Latinoamérica” del Hudson Institute. En ese sentido, se entiende que bajo sus auspicios se celebrase el pasado 19 de febrero una mesa redonda en esa institución bajo el sugestivo título de “¿Qué tan fuerte es la democracia en América Central?”, que contó con la participación de lo que los inefables alabarderos del Hudson llamaron “un grupo de expertos selectos y distinguidos”, entre los que se encontraba un procónsul derrotado, como lo fue Caleb Mc Carry, encargado de la “transición en Cuba”, Anne Krueguer, una directora neoliberal del Fondo Monetario Internacional , y John Walters, que coordinó durante ocho años la política antidrogas del gobierno de Bush.

El Hudson Insitute donde pastan los “especialistas latinoamericanos” del sr Daremblum, se define como “una organización de investigación no partidista dedicada a las investigaciones innovadoras y los análisis que promueven la seguridad global, la prosperidad y la libertad” ¿Será por eso que el Sr. Daremblum y sus cotorras de la contra ilustrada cubana, como Ernesto Hernández Busto, insisten en pasarnos el bodrio de que lo de Honduras es un golpe de estado atípico, innovador, inédito?
Hudson reconoce que “… busca guiar a los líderes globales en los asuntos de negocios y de gobierno”. ¿Será por eso que cuando algún presidente democráticamente electo, como Manuel Zelaya de Honduras, se resiste a ser “guiado” se gana automáticamente un despertar entre bayonetas y fusiles, un secuestro y una expulsión de su propio país?

Hudson Institute, donde derrocha encantos y corbatas abrillantadas alguien como Jaime Daremblum, admite que
“… en los años 90 ayudamos a los países recién liberados del Báltico a implantar sus economías de mercado y hoy trabajamos por la transformación político- económica del mundo musulmán” ¿Formarán parte de tales programas los métodos de apaleamiento y ametrallamiento de multitudes indefensas ensayados contra el pueblo hondureño por los protagonistas de esta “acción militar legalizada por la Corte Suprema”, que el Sr. Daremblum insiste en llamar “democrático”?

Pero jamás subestimemos la capacidad de causar asombro que tienen los neoliberales y los neoconservadores, que son uno y lo mismo, llegado el momento de las definiciones. Y es que buscando datos de este esforzado paladín de la batalla de ideas en nuestro continente, que es el Sr. Daremblum llegamos a la página web http://www.muckety.com/. Allí, en un gráfico de relaciones personales se muestra que dos entidades norteamericanas, la Fuerza Aérea y el Analytic Service Inc confluyen en un personaje llamado John Alexander Gordon, del cual, a su vez, parten tres flechitas, una que lleva a una organización llamada Securing America´s Future Energy, otra a la administración de George W. Bush, y una tercera al Atlantic Council. De este último parte una línea que termina en un nombre: Jaime Daremblum.

Y he aquí, Sancho, que hemos topado con la Iglesia, pues ese inocente John Alexander Gordon que aparece unido al colorido Sr. Daremblum por el cordón umbilical del Atlantic Council, es nada más y nada menos que general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, fue Subdirector de la CIA y asesor del director del Homeland Security, entre el 2003 y el 2004.

Ya sabemos, al menos, por qué calla ese tiburón neoconservador que es John Negroponte, y por qué han echado pa´lante, como un carrito de helado, al elegante Sr. Daremblum.

(Continuará)