Mi perfecto Che imperfecto

Un Ernesto Guevara sin uniforme procura hacer dormir a su hija Hildita

Un Ernesto Guevara sin uniforme procura hacer dormir a su hija Hildita

Conozco una buena parte de sus libros, de las películas dedicadas a su figura; he intentado adentrarme en  testimonios de quienes lo conocieron, y aun he compartido un par de esas vivencias directamente con sus protagonistas. Durante largos minutos permanecí detenido ante sus fotos o concentrado en algunas de sus cartas hechas públicas.

Sin embargo, siempre sentí que algo faltaba en mi  Ernesto Guevara  -porque cada cual se ha construido  a su propio Che.

Ahora, al tropezarme con solo fragmentos de cartas suyas,  hasta ayer inéditas; al enfrentarme a sus versos, versos de amor, me doy cuenta que esas eran las hebras ausentes en el tapiz que tejiera del Guerrillero.

Quizás las había intuido, pero abundaban anécdotas recreando la dureza de su carácter, su intransigencia, y hasta una aspereza en el trato, que alguien llegó a calificar de ácido.

Pero un hombre que abraza a sus hijos como se le ve hacerlo en la foto, que escribe como él lo hiciera de un cachorro asesinado, que sueña y confía, tiene que haber conservado desde siempre secretos compartimentos en su pecho reservados a la ternura, al amor de a dos.  Los poemas y cartas dados a la luz por Aleida March, lo confirman.

Gracias Che por saberte ahora aun más humano, más imperfecto, como todo aquel que algún día, como tú, escribió: “Adiós, mi única”.

PD.

Les dejo tres fragmentos que revelan a ese otro Che que me faltaba.

-“Adiós, mi única, no tiembles ante el hambre de los lobos / ni en el frío estepario de la ausencia / del lado del corazón te llevo / y juntos seguiremos hasta que la ruta se esfume”. -“Así te quiero, con recuerdo de café amargo en cada mañana sin nombre y con el sabor a carne limpia del hoyuelo de tu rodilla, un tabaco de ceniza equilibrista, y un refunfuño incoherente defendiendo la impoluta almohada.”

-“… si sientes algún día la violencia impositiva de una mirada, no te vuelvas, no rompas el conjuro, continúa colando mi café y déjame vivirte siempre en el perenne instante.”

Yohandry Fontana

La Habana

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