Decreta Defensa Civil cubana alerta ciclónica para ocho provincias

La Habana, 7 nov (AIN) A continuación transmitimos la nota informativa número dos sobre el huracán Paloma emitida hoy, a las 09:00 horas, por el Estado Mayor Nacional de la Defensa Civil:
 
Se ha decidido establecer a partir de las 09:00 horas de hoy, la FASE DE ALERTA CICLÓNICA en las provincias  de Sancti Spirítus, Ciego de Ávila, Camagüey, Las Tunas, Holguín, Granma, Santiago de Cuba y Guantánamo. 

Los órganos de dirección de estas provincias deben apreciar la situación y adoptar con racionalidad y oportunidad las medidas de protección, prestando máxima atención al efecto de las intensas lluvias en zonas de mayor riesgo de inundación, áreas montañosas y asentamientos costeros.

Continúan en FASE INFORMATIVA las provincias de Pinar del Río, La Habana, Ciudad de La Habana, Matanzas, Cienfuegos y Villa Clara y el Municipio Especial Isla de la Juventud.

Los organismos y órganos estatales y la población deben mantenerse atentos a las informaciones del Instituto de Meteorología  y cumplir disciplinadamente las orientaciones  de la Defensa Civil. 

ESTADO MAYOR NACIONAL DE LA DEFENSA CIVIL

Huracán Paloma sigue fortaleciéndose

La Habana, 7 nov (AIN) El Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología emitió hoy a las 12:00 m. el Aviso de ciclón tropical número nueve Huracán Paloma:

Debe continuar prestándose la mayor atención a la evolución y futura trayectoria del Huracán Paloma, que representa una amenaza potencial para las provincias centrales y orientales de nuestro país, en especial para la zona desde Sancti-Spíritus a Granma y Las Tunas, para el período desde el sábado por la noche.

Al mediodía de hoy el centro del Huracán Paloma fue estimado en los 18.5 grados latitud Norte y 81.6 grados de longitud Oeste, posición que lo sitúa a unos 90 kilómetros al Sursuroeste de Caimán Grande y a unos 390 kilómetros al Oeste de Montego Bay, Jamaica.

Paloma ha incrementado sus vientos máximos sostenidos que ahora son de 140 kilómetros por hora, con rachas superiores, por lo que clasifica como un huracán categoría uno en la escala Saffir-Simpson, de un máximo de cinco. Su presión central ha descendido hasta 979 hectoPascal y se desplaza hacia el Norte a unos 11 kilómetros por hora.

Se pronostica que en las próximas 12 a 24 horas, este huracán continuará ganado algo más en intensidad, con posibilidades de alcanzar la categoría dos, con poco cambio en su movimiento.

Deberá prestarse la mayor atención a este huracán en el centro y el oriente del país, debido a su evolución y futura trayectoria.

El próximo Aviso de Ciclón Tropical se emitirá a las seis de la tarde de hoy viernes.

Instituto de Meteorología de Cuba

National Hurricane Center

Cono de trayectoria huracán Paloma

Ver también:

Huracán Gustav e Ike, historia completa y daños

12 comentarios

  1. jajajajajajajaja

  2. Lex seguro
    a la Yegua dale duro
    Lex seguro
    a la Yegua por el c u l o

  3. LEX: yo no grite, no escribi en mayusculas, solo te dije la verdad, pero para ti, hasta que te claven por el orto es una victoria, por eso eres tan egocentrista y triunfalista, algo asi como la Mesalina del siglo XXI, solo te falta meterte en una bandeja de oro y plata y pedir que te coman.

  4. Otro huracan mas, que desgracia para nuestro pueblo, pero lo enfrentaremos tambien.

  5. ya empezaron a quitarme comentarios

  6. no no empezo a relinchar

  7. Sabe dios cual habra sido la amenaza o el chantaje que le habran hecho a Eliecer para que se cerrara la boca

  8. Yo lo habia visto ayer. Viste como hice parir a Yegua magna y empezo a gritar desaforada???

  9. oooooooooooooooooooohhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh QUE DURO TREMENDO ARTICULO SIN DUDAS LE DA POR LAS CUATRO ULTIMAS LETRAS DE ARTICULO A YOHANDRY Y SU PANDILLA, CREO QUE SE NOS VIENE UN CORTA Y PEGA LARGO POR PARTE DE LOS CHIVATIENTES U OTRO POST

  10. LEAN ESTE escrito no tiene desperdicio….. es una bofetada en la cara de Yohandry.. Lo escribe un muchacho de la escuela de Periodismo desde Cuba, no es formateado.. a ver que me dicen… ahora.

    Ernesto Morales | Para Kaos en la Red | Hoy 18:46 | 175 lecturas | 9 comentarios

    .Hace algún tiempo leí el escrito firmado con las siglas FGB (un cubano más), que bajo el título de “Nosotros los cubanos de más de 35 años de edad” publicaba este mismo sitio, Kaosenlared.

    Me atrevo a re-contextualizar su titular, adaptarlo a las circunstancias actuales del país, y emplearlo en este mi propio artículo, toda vez que escribir, opinar, debatir entorno al suceso protagonizado hace meses ya por el joven Eliécer Ávila, hoy estudiante de 5to año de la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI), se ha convertido en una especie de deporte cotidiano para aquellos que siguen de cerca la realidad cubana, sea desde dentro o desde fuera del país, militen con la Revolución Cubana o contra esta, y conozcan mucho o nada de lo que significa vivir hoy, en pleno 2008, dentro de esta Isla.

    Por mi parte, me gustaría comenzar sentando algunas bases sobre las que se sustentas mis opiniones.

    Eliécer Ávila y yo tenemos mucho en común. Me atrevería a afirmar que aun sin conocernos en lo absoluto, bastarían 5 minutos de diálogo para que cada cual reconociera en el otro una cercanía, una fraternidad tal como si de dos amigos de la infancia se tratase. Las razones podríamos explicarlas más o menos así:

    Ambos somos de lo que eufemísticamente se conoce en la capital cubana como “el interior”, por lo cual en jergas tradicionalistas y a ratos burlescas, somos los “guajiros” de este país. Para más detalles, vivimos en provincias colindantes en el Oriente de la nación: él, en Puerto Padre, un municipio de Las Tunas, yo en Bayamo, capital de la provincia de Granma. La distancia desde su poblado hasta el mío es de apenas unas tres horas de viaje.

    Dentro de unos meses, probablemente Eliécer se gradúe como Ingeniero en Informática, mientras que yo, desde hace también unos meses que soy Licenciado en Periodismo por la Universidad de Oriente, Santiago de Cuba.

    Pero más importante aún, ambos formamos parte de la misma generación: él tiene 22 años, yo 24. A pesar de que según parece, Eliécer ha crecido literalmente en el campo, erigiéndose un físico fornido y unas ideas bastante pragmáticas con el duro ejercicio agrícola, y yo he crecido entre la vida citadina de una capital provincial, involucrado más con el quehacer artístico-intelectual, podría afirmarse que somos, ambos, productos de exactamente los mismos sistemas de enseñanza, los mismos cánones sociales, y sobre todo: hemos crecido ambos bajo la influencia de todo lo sucedido en esta Isla desde hace unos 25 años hasta hoy.

    Entiéndase: hemos padecido, niños aún, la horrible crisis económica que se nos vino encima en los albores de los ´90, y aunque no la sufrimos de manera plenamente conciente por nuestra escasa edad,sí sabíamos que no podía ser “bueno” que no tuviéramos leche en los desayunos, ni juguetes, ni que tuviéramos que bañarnos sin jabón y cepillarnos los dientes sin pasta. Sabíamos que no podía ser normal aquel mal humor, aquella irritabilidad, que la mayor parte de las veces exhibían nuestros padres por esos tiempos; ni que cada noche tuviéramos que ir a la mesa, a comer lo poquísimo que se hubiera cocinado, bajo la luz de los candiles porque la electricidad era un lujo inimaginable.

    Eliécer y yo “inauguramos” siendo adolescentes, estudiantes, la recurrida Batalla de Ideas de este país, con el complejo proceso político desatado por el caso del niño Elián González. No podría asegurarlo para Eliécer, aunque me aventuro a decir que es muy probable, pero en el mío, estudiando ya en el 10mo grado de mi Preuniversitario de Ciencias Exactas, debía permanecer durante horas sentado en el piso de un pasillo, junto a 700 compañeros míos, mal escuchando los discursos e intervenciones que la televisión cubana transmitía desde las Tribunas Abiertas. Reitero: no viendo, sino mal escuchando. Éramos tantos para un solo televisor, que distinguir algo en una mínima pantalla resultaba imposible.

    Peor aún: cuando debíamos formar parte nosotros mismos del público de esas Tribunas, éramos trasladados desde nuestros centros educacionales hasta el municipio en cuestión con un día de adelanto. Hasta allá nos llevaban, a veces, trenes herrumbrosos y mal iluminados en los que si no reinaba la melancolía, la tristeza, era debido a que transportaba una masa adolescente de adrenalina efervescente. Una vez en la localidad precisa, éramos “alojados” también en el piso de centros docentes, o instituciones sin habitaciones o dormitorios, apiñados unos contra otros, la mayor parte de las veces sin agua y con una merienda simbólica para soportar, en la mañana, el discurso incontenible de dirigentes frescos y bien alimentados que nos arengaban sobre esfuerzo y abnegación. Si desde nuestros puestos no podíamos olerle la lavanda fresca encima, si no olfateábamos su aroma a recién bañado y a aire acondicionado, era porque estábamos demasiado lejos de ellos en nuestra plaza, allá donde el sol nos hacía lagrimear y donde el cansancio nos llenaba la vista de imágenes grisáceas.

    Y crecimos en esos mismos centros educacionales de alimentación horrible, de condiciones de vida (colchones, duchas, servicios sanitarios) paupérrimas, estudiando duras materias con el estómago vacío y con el calor tropical empapándonos la camisa de uniforme, desgastada y traslúcida por tantos años de uso continuado.

    Yo he escuchado a Eliécer Ávila, en su intervención temeraria, referirse a sí mismo como “nosotros, los que hemos estudiado, los que lo hemos hecho todo bien”, y he sentido la misma tristeza, la misma emoción que probablemente él sentía en ese instante. ¿Por qué?, pues precisamente por eso: porque nosotros somos “los que lo hemos hecho bien”. Somos los que hemos soportado las condiciones difíciles del sistema educacional cubano, del nivel de vida de nuestra población y en consecuencia, las penurias de nuestros padres para sustentarnos a duras penas un estudio que es gratuito sólo en teoría; somos los que hemos elegido ser útiles a la sociedad (él como Ingeniero, yo como Periodista) por encima de los llamados del dinero fácil, y a veces sucio.

    Pero entonces resulta que se nos viene encima una paradoja que es un secreto a voces en Cuba: de muy poco, por no decir nada, nos sirve ser profesionales. De nada sirve que, como en el caso de Eliécer, un campesino llegue hasta una flamante escuela como lo es la UCI. Si el hacerse universitario, prepararse académicamente, tiene por objetivo posibilitarte en un futuro cercano una mejoría de tu calidad de vida, poder prosperar humana pero también económicamente, y de paso, serle útil a tu sociedad en tanto le propicias sustento y bienestar a tu familia, entonces lo mejor que puedes hacer en Cuba es olvidar esos estudios, y dedicarte a pensar de qué manera puedes subsistir trabajando por cuenta propia, que dicho sea de paso, te pone entonces frente a otra disyuntiva, porque ganarse la vida honestamente, vivir de manera holgada sin violar ninguna ley en esta Patria Socialista, es una utopía de altos quilates.

    En el caso de Eliécer, pienso en esa crianza de animales que insinúa en algún comentario. Él lo sabe, todos lo sabemos bien: la ironía de nuestra situación es que él puede estudiar, las puertas de esa y de cualquier Universidad cubana están abiertas para él y para todo el que quiera colgar un título en su pared, pero sus ingresos van a ser notoriamente superiores vendiendo carne de cerdo en un mercado local, que sirviéndole a su país como Ingeniero titulado.

    Ahí vemos entonces a los que “no lo han hecho todo bien”. Los vemos nosotros, los jóvenes como Eliécer, como yo; los que poblamos las Universidades de este país. Ahí vemos a los “amigos descarriados” que optaron por abandonar los estudios y dedicarse al día a día, viviendo de algún negocio inconfesable o simplemente vendiendo frituras con un delantal blanco en alguna esquina de nuestra localidad. Lo doloroso es que esos amigos que nos saludan con respeto, con admiración por nuestra inteligencia y nivel intelectual,son los que deben pagarnos la entrada a algún centro nocturno, los que nos hacen regalos para la familia, los que disfrutan mayoritariamente de las bellezas de un país al que nosotros, casi desconocemos.

    Somos la generación ascendente de este país, y resulta que estamos llenos de dudas. De insatisfacciones. Estamos llenos de preguntas que nadie se toma el trabajo de responder, y que sabemos que si las obvian, es porque no tienen respuesta para ellas.

    Somos una generación que creció justo cuando nuestros padres empezaban a dejar de creer en palabras como Conciencia y Desinterés porque en 30 años bajo estas consignas, muy poco o nada habían conseguido para sí y para los suyos.

    Ni qué decir, entonces, de que a nosotros, ese fervor que inundaba las plazas en los años ´70 nos despierta sólo un interés anecdótico y distante. Lo hemos respetado, los jóvenes como Eliécer y como yo, y como tantos miles de cubanos, porque somos “los que hacemos las cosas bien hechas”, los que tenemos fe en las buenas intenciones, pero no porque nos haya cautivado la misma retórica efervescente que henchía a nuestros padres, y que los llevaba a partirse las espaldas (o, al decir de Eliécer, “a dejar los dientes”) en trabajos voluntarios que, según parecía, iban a crear para nosotros, sus hijos, una Patria más confortable.

    Ese ha sido el desarrollo de nuestra conciencia. Así hemos sido forjados por esta Cuba socialista. Así hemos madurado como seres pensantes, a los que se les ofrece todas las posibilidades del mundo para la superación, para el desarrollo del intelecto, pero a los que luego se les exige no emplear esa inteligencia cuando de cuestionar los derroteros del país se trata.

    Entonces, yo fui uno más de los incontables sorprendidos por el material fílmico de lo sucedido en aquella reunión de la UCI. Y aclaro: estoy hablando del material completo, que recogía la intervención de Eliécer junto a la de otros varios de sus compañeros, y las respuestas íntegras del Presidente de la Asamblea Nacional de Cuba, Ricardo Alarcón de Quesada. O sea, no me refiero a los fragmentos transmitidos por las cadenas extranjeras, editados cómodamente, y que a pesar de todo cometían un error ingenuo y desde mi punto de vista, dañino: pretender buscar contundencia con la manipulación allí donde no hacía falta poner un dedo para conseguir el mismo efecto. A no ser por el factor tiempo, yo habría transmitido íntegramente la intervención del estudiante, y luego las respuestas también íntegras de Ricardo Alarcón. No habría dado oportunidad a los argumentos de manipulaciones que encubrían detrás, y obviaban en consecuencia, la contundencia de las palabras de Eliécer.

    Confieso algo: mi sensación luego de ver la intervención de este “guajiro”, de este vecino de mi territorio, fue básicamente de envidia. Aun cuando durante su discurso experimenté varias sensaciones (me reí a carcajadas en varios instantes, por cierto), lo que me quedó al final fue una envidia sana que únicamente pensé licuar escribiéndole un e-mail al propio estudiante, comentándole qué había sentido yo, como cubano igual que él, como joven igual que él, y agradeciéndole en nombre de los que no estábamos en esa sala lo que en “plata cubana” se llama haber tenido los cojones para ser digno según el concepto martiano, para decir lo que de veras pensaba. Aquel correo nunca fue contestado. Hoy, luego de saber los días de stress y análisis a los que se vio sometido, comprendo que su silencio fue el cumplimiento de una orientación estricta.

    Pero hablo de envidia por una razón simple: Eliécer tuvo la oportunidad que miles de nosotros, miles de jóvenes cubanos, hemos deseado largamente, y lo que es más, la supo aprovechar al máximo. Tuvo la ocasión perfecta no solo para hacer constar con cuántas insatisfacciones hemos crecido dentro, cuántas cosas creemos que están mal en la sociedad que habitamos y que deseamos mejorar, sino para decírselo a Ricardo Alarcón, una de las figuras respetadas de la política cubana.

    Al margen de las incontables interpretaciones y pros y contras que este hecho ha suscitado, yo me atrevo a decir algo: no puede andar muy bien la “democracia socialista participativa” de un país donde se arme semejante revuelo porque un joven cualquiera cuestione a sus dirigentes, y a las decisiones de estos. No pueden funcionar muy bien los derechos civiles de un pueblo que se ve sacudido de pronto por sus cuatro costados, sólo porque una voz surgió de pronto en un encuentro y se “atrevió” a decir “yo no entiendo esto, ni esto, y me gustaría que usted, como presidente de la Asamblea Nacional de mi país, me lo explicara”. Descontemos las respuestas de Alarcón, que aunque significativas no me parecen lo más destacable de este asunto: la reacción no ya del “enemigo”, sino del propio pueblo cubano ante este suceso, es la principal denuncia de que algo no anda bien aquí dentro.

    Pongamos en Internet el video de un francés cuestionando al gobierno de Sarkozy; publiquemos un material refiriendo las palabras de un argentino, o un chileno, inconforme con lo que sucede en su nación. Quisiera saber cuántos habitantes de su país van a andar de casa en casa copiando este material a hurtadillas, reproduciéndolo en sus hogares a puerta cerrada, y debatiéndolo en los círculos íntimos como la novedad más relevante del momento.

    No pretendo detenerme a analizar en detalle las respuestas que Ricardo Alarcón, el consistente y buen orador Alarcón, ofreció a aquella masa estudiantil expectante. Todos las vieron, las escucharon. Muchos, entre quienes me incluyo, sin editar. Si tuviera que quedarme con un fragmento de su discurso como “guinda del pastel”, como elíxir de lo insólito, me guardo el instante en que argumenta que si a los 3000 millones de habitantes de la Tierra se les ocurriera viajar, el congestionamiento aéreo sería enorme… Permítanme citar una recurrente frase de Holden Caulfield, el personaje de Salinger en su novela “The Catcher in the Rhye”: Aquello me mató.

    Entonces, no se trata del inconforme Eliécer. No se trata de erigir un líder, ni de manipular sus palabras para sacar más provecho de ellas, y esto se aplica lo mismo para defensores que para detractores de la Revolución Cubana. No se trata de colgarle encima el San Benito de opositor porque hay algo claro: este muchacho habla “desde adentro”, critica “desde adentro”, y ejerce su derecho al desacuerdo “desde adentro” del sistema en que vive. No conozco su grado de convencimiento, ni cuánto hay de edulcorado lo mismo en las palabras que publica Kaosenlared, que en las que salieron en los medios nacionales. El hecho, más importante aún, es que al menos uno solo de los millones de cubanos que asisten alguna vez a una reunión con un alto dirigente, decidió expresar, justo en el momento más impensado, todo lo que muchos como él pensamos pero que nadie se ha dignado a escuchar.

    Nosotros, los cubanos menores de 25 años que creemos en el amor a la Patria, que damos gracias (como lo hiciera Rafael Sanzio por haber nacido en el mismo siglo de Miguel Ángel) por haber nacido en la tierra de Martí, Céspedes, Agramonte, pero también de Félix Varela, Capablanca, Lezama Lima y Virgilio Piñera, le debemos un apretón de manos a ese hijo de campesinos y campesino él también, a ese fortachón de maneras rudas y jocosidad criolla, por haber dado el pistoletazo disonante de los que no creemos que todo esté bien, allí donde solo se esperaba escuchar la música uniforme del concierto habitual.

  11. veo que hay muchos link a blogs aqui pero ninguno al de yoanis pero no se preocupen yo se que si lo ponen los sancionan y les quitan la jabita, ohe yo se lo que eso a mi no me daban jabita pero me daban unos Fidelios es decir unos Cuc para que comprara el jabon y el aceite, pero pueden ver la parte positiva, sin jabon ahorran agua y sin aceite comen sano

  12. Ño eran pocos y pario catana, otro mas que hambre se espera en la isla¡¡¡

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