Elecciones en los Estados Unidos

Obama y McCain diferentes, pero iguales

ImperialismoUn veterano colega analista de las lides electoreras de los Estados Unidos ante la euforia generalizada de quienes ven en Obama los cielos abiertos para el cambio en el mundo,  alertó: “minimizar las diferencias entre los candidatos demócrata y republicano es tan peligroso, como exagerarlas. Ambos representan el interés de un sistema que, aunque en paro cardiaco con el estallido de la burbuja financiera y la crisis, mantiene su férreo poderío imperial junto al bloque de poder electoral que los financia. Esa doble lógica, genera sus identidades y diferencias.”

Ambos, no dudarán por un instante ejecutar los intereses comunes de la clase dominante, por ejemplo, la imposición de la Doctrina Monroe. Sin embargo, las diferentes fracciones de esta clase -industrial, financiera, militar, agraria, mediática-, pueden tener diferentes modelos de optimización de sus intereses. Obama, por ejemplo, apoya el Tratado de Libre Comercio con Perú, pero no el de Colombia, porque necesita los votos del sindicalismo estadounidense que no está de acuerdo con ciertas políticas de Uribe. Esas diferencias fácticas en los modelos de optimización parecen insignificantes a la luz de un análisis estructuralista, pero son de enorme importancia a nivel de la política práctica.

 ¿Y con Cuba? ¿Qué pasa con la Isla? Quizás lo más paradójico de todo es que con Cuba o nos matan a garrotazos, o nos matan a besos, pero igual McCain y Obama nos quieren asfixiar. ¿Entonces que esperar de estas elecciones de los Estados Unidos? ¿Los besos “carismáticos” de Obama o el garrote del “soldado de plomo” McCain?.

Algunos investigadores y politólogos internacionales han señalado que para América Latina, el “mal menor” entre los dos funcionarios imperiales es, sin duda, Barack Obama. Sin embargo no podemos olvidar que nunca, en la historia política de los imperios se ha hablado de amigos, a lo sumo de aliados porque los unen los intereses.

Si hacemos una pequeña comparación entre ambos aspirantes al salón Oval se verán diferencias, pero priman las similitudes abrumadoras. La consigna de McCain reza: “Primero el país, Reforma, Prosperidad, Paz”; la de Obama: “Cambio en el que podemos creer. ¡Sí podemos!” Realmente diferentes, al menos en fachada, pero en el fondo, por concepto, los une la verdad oculta de un sistema que no ha perdido, ni perderá su esencia imperial y capitalista.

Las proyecciones en materia de política hacia Cuba de ambos presidenciables durante la campaña, no avizoran un cambio en la política tradicional de hostilidad, subversión y bloqueo contra nuestro país; e incluso las supuestas iniciativas limitadas que se manejan, únicamente nos retrotraerían a la situación existente antes del 2004 y a la imposición de condicionamientos políticos a nuestro país.

El candidato presidencial republicano, ha afirmado que “está llegando el día en que Cuba será libre”, y que de llegar a la Casa Blanca “presionará” al gobierno de la isla para liberar a los presos contrarrevolucionarios, tener comicios y prensa libres, es decir, comprar y vender votos por favores y una prensa manipuladora y desinformadora.

En un mitin en el estado clave de Florida, el senador por Arizona aseguró que de ganar los comicios del 4 de noviembre no se reunirá ‘de manera incondicional con los hermanos (Fidel y Raúl) Castro’ como afirmó que lo haría su rival demócrata Barack Obama.

McCain representa una continuidad de la política exterior de Bush y un peligro para la comunidad internacional. Ha afirmado que el objetivo principal de su Administración será la llamada “guerra contra el terrorismo”, para lo cual privilegiará el uso de la fuerza y la actuación unilateral de EE.UU.

Con Cuba solo hará más de lo mismo: dará continuidad a la política de hostilidad desarrollada por la Administración Bush, a partir de su posición ideológica contra nuestro país y su compromiso con la extrema derecha cubano americana de Miami. Ha dicho públicamente que sus asesores de política hacia Cuba serán los congresistas lleana Ros-Lehtinen y los hermanos Lincoln y Mario Díaz-Balart. Además tiene entre sus principales asesores de campaña para los temas de América Latina a los rabiosos anticubanos Otto Reich (ex secretario asistente de estado para asuntos del Hemisferio Occidental bajo Bush) y Adolfo Franco (ex administrador asistente para América Latina de la USAID).

Entre los planes del republicano está crear un plan con aliados europeos para llevar el “cambio” a Cuba luego de la supuesta caída de la Revolución Cubana y ha planteado que incrementará el apoyo a la contrarrevolución en Cuba, así como a la campaña mediática que desde Estados Unidos se genera contra el país.

John McCain tiene un patrón de votación histórico en el Senado en contra de todas las medidas que han propuesto una flexibilización del bloqueo contra Cuba, aún las humanitarias. Se opuso públicamente al regreso de Elián a Cuba. Ha declarado que si es electo Presidente mantendrá el bloqueo contra Cuba, la agresión radial y televisiva y el financiamiento a la subversión contra nuestro país.

La posición de Barack Obama durante la campaña electoral ha estado enfocada a, de ser electo, facilitar los viajes a los cubanos y cubanos-americanos desde EE.UU a Cuba; revertir las restricciones en el envío de remesas al país que no sería más que rectificar una política inhumana y totalmente impopular.

Dentro de los supuestos cambios que propone Barack ha afirmado que está dispuesto a establecer una “diplomacia directa” con el gobierno revolucionario cubano y mantener las conversaciones sin precondiciones, siempre que -y veamos la incondicionalidad- eso responda a sus intereses; plantea que cualquier encuentro entre gobernantes sería en pos de fomentar una “relación de dignidad y respeto mutuos”.

Sin embargo, a pesar de sus matices, históricamente las administraciones demócratas han mantenido el status quo en la política contra Cuba. Durante su campaña, ha hecho duros ataques a nuestro sistema político, ha ratificado los condicionamientos para realizar un cambio real de política y ha reiterado el objetivo común de derrocar a la Revolución.

Obama no puede más que afirmar en coro junto a Mccain que mantendrá el bloqueo económico financiero y comercial contra el pueblo de Cuba. Se vuelven a unir ambos candidatos en un mismo eje imperial.

La agenda de política exterior del demócrata se plantea recomponer las alianzas y rescatar el trabajo en la esfera multilateral, en aras de recuperar la imagen deteriorada y asegurar la hegemonía de EE.UU. en el mundo. No obstante, no ha renunciado a la opción de la intervención y ha reafirmado el derecho de EE.UU. a agredir unilateralmente a países soberanos.

No obstante el resultado de la elección presidencial de este día -fraudulenta, discriminatoria y monopartidista- la voluntad y capacidad de nuestro pueblo y su Revolución de mantener el socialismo en Cuba, luego de diez administraciones, bloqueo, terrorismo y agresiones se mantendrá invariable.

Lo cierto es que lejos de esperar de estas elecciones un verdadero cambio en la política de Estados Unidos hacia Cuba, estamos asistiendo a un vals de disfraces, Obama va vestido de galante interlocutor y McCain de soldado de plomo, diferentes, pero en su esencia: iguales.

Colaboración de Jorge Legañoa Alonso

La Habana

 

 

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Fidel Castro: Las elecciones del 4 de noviembre

Mañana (hoy) será un día de gran importancia. La opinión mundial estará atenta de lo que en Estados Unidos ocurra con las elecciones. Se trata de la nación más poderosa del planeta. Con menos del 5 por ciento de la población del mundo succiona cada año enormes cantidades de petróleo y gas, minerales, materias primas, bienes de consumo y productos sofisticados procedentes del exterior; muchos de ellos, en especial los combustibles y los extraídos de las minas, que no son renovables.

Es el mayor productor y exportador de armas. El complejo militar industrial cuenta, además, con un insaciable mercado en el propio país. Sus fuerzas aéreas y navales se concentran en decenas de bases militares ubicadas en el territorio de otras naciones. Los cohetes estratégicos de Estados Unidos, portadores de cabezas nucleares, pueden alcanzar con total precisión cualquier punto del mundo.

Muchas de las mejores inteligencias del planeta son sustraídas de sus países de origen y puestas al servicio del sistema. Es un imperio parasitario y saqueador.

Como se conoce, la población negra introducida a través de la esclavitud en el territorio de Estados Unidos a lo largo de siglos, es víctima de una fuerte discriminación racial.

Obama, candidato demócrata, es en parte de origen negro, y en él predominan el color oscuro y otros rasgos físicos de dicha raza. Pudo estudiar en un centro de educación superior donde se graduó con notas brillantes. Es sin duda más inteligente, culto y ecuánime que su adversario republicano.

Analizo las elecciones de mañana cuando el mundo sufre una grave crisis financiera, la peor desde los años 30, entre otras muchas que a lo largo de más de tres cuartos de siglo han afectado seriamente la economía de numerosos países.

Los órganos internacionales de prensa, los analistas y comentaristas políticos, emplean parte del tiempo en el tema. Se considera a Obama como el mejor orador político de Estados Unidos en las últimas décadas. Su compatriota Toni Morrison, Premio Nobel de Literatura del año 1993, la primera de su etnia nacida en Estados Unidos que obtiene ese laureado título, y excelente escritora, lo califica de futuro Presidente y poeta de esa nación.

He observado la lucha entre ambos contendientes. El candidato negro, que tanto asombró al obtener su nominación en la pugna frente a fuertes adversarios, tiene bien articuladas sus ideas y golpea una y otra vez con ellas en la mente de los votantes. No vacila en afirmar que por encima de todo, más que republicanos y demócratas, son estadounidenses, ciudadanos que califica como los más productivos del mundo; que reducirá los impuestos a la clase media, en la que incluye a casi todos; los eliminará a los más pobres, y los elevará a los más ricos. Los ingresos no estarán destinados a salvar a los bancos.

Reitera una y otra vez que los gastos ruinosos de la guerra de Bush en Iraq no deben ser costeados por los contribuyentes norteamericanos. Le pondrá fin y traerá de regreso a los soldados de Estados Unidos. Tal vez tuvo presente que ese país nada tuvo que ver con los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001. Ha costado la sangre de miles de soldados de Estados Unidos, muertos o heridos en los combates, y más de un millón de vidas a esa nación musulmana. Fue una guerra de conquista impuesta por el imperio en busca de petróleo.

Ante la crisis financiera desatada y sus consecuencias, a los ciudadanos norteamericanos les preocupa más en estos instantes la economía que la guerra de Iraq. Los atormenta la preocupación por sus puestos de trabajo, la seguridad de los ahorros depositados en los bancos, los fondos de jubilación; el temor de perder el poder adquisitivo de su dinero y las viviendas donde residen con sus familiares. Desean la seguridad de recibir en cualquier circunstancia los servicios médicos adecuados y la garantía del derecho a que sus hijos reciban educación superior.

Obama es desafiante, pienso que ha corrido y correrá crecientes riesgos en el país donde un extremista puede adquirir por ley un arma sofisticada moderna en cualquier esquina como en la primera mitad del siglo XVIII al Oeste del territorio de Estados Unidos. Apoya su sistema y se apoyará en él. La preocupación por los agobiantes problemas del mundo no ocupan realmente un lugar importante en la mente de Obama, y mucho menos en la del candidato que, como piloto de guerra, descargó decenas de toneladas de bombas sobre la ciudad de Hanoi, a más de 15 mil kilómetros de Washington, sin remordimiento alguno de conciencia.

Cuando el pasado jueves 30 le escribí a Lula, además de lo que conté en la reflexión del 31 de octubre, le expresé textualmente en mi carta: “El racismo y la discriminación existen en la sociedad estadounidense desde que nació, hace más de dos siglos. Negros y latinoamericanos han sido allí siempre discriminados. Sus ciudadanos fueron educados en el consumismo. La humanidad está objetivamente amenazada por sus armas de exterminio masivo.”

“Al pueblo de Estados Unidos le preocupa más la economía que la guerra de Iraq. McCain es viejo, belicoso, inculto, poco inteligente y sin salud.”

Finalmente le añadí: “Si mis cálculos estuvieran equivocados, el racismo de todas formas se impusiera y el candidato republicano obtuviese la Presidencia, el peligro de guerra se incrementaría y las oportunidades de los pueblos para salir adelante se reducirían. A pesar de todo, hay que luchar y crear conciencia sobre esto, gane quien gane esas elecciones.”

Cuando esta opinión que sostengo se publique mañana, nadie tendrá ya tiempo para decir que escribí algo que pueda ser utilizado por alguno de los candidatos en favor de su campaña. Debía ser, y he sido, neutral en la contienda electoral. No es “una injerencia en los asuntos internos de Estados Unidos”, como diría el Departamento de Estado, tan respetuoso de la soberanía de los demás países.

Fidel Castro Ruz

Noviembre 3 de 2008

4 y 10 p.m.

Fuente: Cubadebate.cu