Demanda Machado Ventura en ONU nuevo orden internacional

Vicepresidente cubano Machado Ventura

Machado Ventura, primer vicepresidente cubano

José Ramón Machado Ventura, primer vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, demandó un nuevo orden internacional más justo y equitativo, al intervenir hoy en Nueva York en el período 63 de sesiones de la Asamblea General de la ONU.

Tras felicitar al nicaragüense Miguel d’Escoto por su elección al frente de la Asamblea, Machado Ventura significó que se vive en un momento decisivo en la historia de la Humanidad, ya que las amenazas que se ciernen sobre el mundo atentan contra la existencia de la especie humana.

Destacó que la promoción de la paz, la solidaridad, de la justicia social y el desarrollo sostenible es el único camino para asegurar el futuro.

El orden internacional vigente, injusto e insostenible, debe ser sustituido por un sistema verdaderamente democrático y equitativo, dijo.

Puntualizó que el nuevo ordenamiento mundial debe fundamentarse en el respeto al derecho internacional y en principios de solidaridad y justicia, para poner fin a las desigualdades y a la exclusión a las que han sido condenadas las amplias mayorías de la población del planeta.

Tras afirmar que no existen alternativas, señaló que deben asumir sus responsabilidades los responsables de ese estado de cosas: los países industrializados, en particular la única Superpotencia (EE.UU.).

No se puede seguir derrochando fabulosas fortunas, mientras millones de seres humanos padecen hambre, mueren de enfermedades curables.

Machado Ventura manifestó que no es posible seguir contaminando el aire, envenenando los mares, lo que destruye las condiciones de vida para las generaciones futuras.

Ni los pueblos, ni el propio planeta lo permitirán, sin grandes convulsiones sociales y gravísimos desastres naturales, precisó.

Denunció como las más graves amenazas a la paz y seguridad internacional las guerras de conquista, la agresión y ocupación ilegal de países, la intervención militar y el bombardeo a civiles inocentes, el armamentismo, el saqueo y la usurpación de recursos naturales del Tercer Mundo, y la ofensiva imperial para doblegar la resistencia de los pueblos.

Añadió que conceptos como “limitación de soberanía”, “guerra preventiva” o “cambio de régimen” son expresión de la pretensión de mutilar la independencia de nuestros países, aseveró.

Subrayó que el supuesto “combate al terrorismo” o la pretendida “promoción de las libertades” sirven de pretexto a la agresión y a la ocupación militar, a la tortura, la detención arbitraria y la negación de la libre determinación de los pueblos.

Hay injustos bloqueos y sanciones impuestas unilateralmente, denunció el Vicemandatario cubano, quien también fustigó la imposición de modelos políticos, económicos y sociales, que facilitan la dominación imperial en franco desprecio a la historia, culturas y voluntad soberana de los pueblos.

Significó que los Países No Alineados están pagando el costo de la irracionalidad y de la especulación de una pocas naciones desarrolladas del Norte.

Colaboración de Juan Diego Nusa Peñalver

Intervención del Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, José Ramón Machado Ventura

La solidaridad tiene nombre: Cuba

Integrantes de la brigada médica en Argelia

Integrantes de la brigada médica en Argelia

Esa Revolución y su pueblo han dado hasta lo que no han tenido. Y tienen poco. No se sabe cómo lo han hecho, pero es una realidad tan real como sus altivas palmeras. En estos cuarenta y nueve últimos años, millones de seres por el mundo lo han comprobado.

Argelia; que empezaba a vivir sin el yugo colonial francés; vio llegar a sus médicos. La Revolución cubana, recién triunfada, compartió los pocos que tenía.

Miles de sus mujeres y hombres murieron combatiendo en el África contra el apartheid: ganaron, pero la historia de los poderosos insiste en hurtarles el crédito.

Una fotografía cambió el rumbo de la guerra en Vietnam: esa niña que se ve corriendo por una carretera desnuda, y llorando por las quemaduras con las bombas de NAPALM estadounidense, se curó en Cuba.

Ha sido el único país, el único, que trasladó hasta su territorio a muchos de los que enfermaron por causa del estallido de la central nuclear de Chernobil. Lo hizo cuando había desaparecido la URSS, y los gobernantes de Rusia estaban plegados a Estados Unidos: ayudaban a quitarle más aire a la asfixiada economía cubana.

Miles de africanos y latinos pobres han sido formados como deportistas y médicos: gratuitamente.

Millones de mujeres y bebés han sido salvados al momento del parto, en los rincones más inhóspitos de América Latina, África y Asia, por esos nuevos apóstoles llegados desde Cuba.

En Pakistán, mientras eran sanados, muchos campesinos descubrían que existía la medicina, que existía esa Isla, y que existían humanos con piel negra y bata blanca.

Cuando uno de los tantos ciclones casi desaparece una parte de Haití, Cuba le propuso a Francia: ustedes envían las medicinas y nosotros los médicos. Paris prefirió enviar tropas para ayudar a controlar las justas protestas. Cuba, solita y en silencio, trasladó los médicos con algunas toneladas de medicinas.

Difícil es de calcular cuántos miles de millones de dólares ha podido costar todo ello En cambio sí es muy fácil saber que la Revolución y su pueblo lo dieron, antes que invertirlo en comodidades para el diario vivir.

Ah, pero también ha entregado cosas de las que nadie se acuerda a la hora de las verdades. ¿Y los miles de extranjeros que han recibido terapias de alegría, tan sólo por mezclarse con ese pueblo? Regresan rejuvenecidos. Porque ese pueblo inyecta optimismo con sus risas, sus abrazos, su jodedera. Porque la fraternidad es vida.

Esa revolución y su pueblo, que tanto nos han dado, hoy necesitan de nosotros.

Los últimos dos ciclones que han pasado, uno atrasito de otro, golpearon muy fuerte algunas zonas del país. Como una explosión nuclear, dijo Fidel. Los grandes medios de información internacionales, rabiosos como se mantienen contra esos rebeldes, se niegan a informar de la situación. De seguro les duele mencionar la capacidad de organización que tiene la Revolución para enfrentar tales desastres. La misma que, lo sabemos, anhelan los afectados por los mismos ciclones en Estados Unidos.

Washington está contando a los cuatro vientos que Cuba rechaza su ayuda. Otro cuento de los miles en su agresión a la Isla. La Habana ha respondido que si quiere ayudar levante el asesino bloqueo, aunque sea por seis meses, para comprarle lo necesario. Claro, dentro de los acuerdos que rigen el comercio internacional. No quiere saber de ayudas bajo compromisos que arañen su soberanía. Cuba no quiere, ni necesita, ni merece limosnas porque nunca las ha dado. Y ni pensarlo recibirlas del Estado que quiere ver la Revolución destruida. El mismo que nunca ofrece algo sin una intención atrás.

Es hora de devolver unos poquitos de lo tanto que ese pueblo ha hecho por tantos y tantísimos. La Revolución y los cubanos no lo expresarán jamás así, pero es la verdad y se debe decir.

En muchos países ya se está organizando la solidaridad. Existe donde informarse: aportemos.

Cuba necesita solidaridad, ese acto de ternura entre los pueblos.

Hernando Calvo Ospina

Periodista y escritor colombiano residente en Paris.

Colaborador de Le Monde Diplomatique.

EE.UU.: De nuevo el gran reo

 

Sucederá, desde luego, algún día, cuando en los Estados Unidos los intereses de un grupo de reaccionarios en Miami dejen de ejercer presión decisiva sobre el comportamiento de una potencia hoy castrada políticamente.

Hasta entonces, a las 16 condenas consecutivas de la Asamblea General de la ONU al bloqueo económico, comercial y financiero contra Cuba contabilizadas hasta 2007, se seguirán sumando otras muchas votaciones globales de rechazo.

Justo este octubre, el día 29, por décimo séptima ocasión, la máxima tribuna mundial volverá, con toda seguridad, a censurar a Washington, cuyo cerco a la Mayor de las Antillas, que se extiende por más de 45 años, ha provocado pérdidas a la Isla por 93 mil millones de dólares, que en el valor actual de esa vapuleada moneda suponen 224 mil 600 millones.

Toda una sangría que ha lastrado la posibilidad de los cubanos de acceder a mayores niveles y calidad de vida, al tiempo que edificar una infraestructura material mucho más completa y eficiente.

Y es que precisamente ese ha sido y es el objetivo del bloqueo. Martillar sobre las carencias de la población. Agudizar la vida cotidiana de millones de personas.

Evitar que les lleguen alimentos, medicinas, ropa, calzado. Impedir que cuenten con viviendas, transporte, vías de comunicación, en fin, hacer del caos y la angustia un arma para promover las ideas y las prácticas imperiales contra un proceso revolucionario ajeno a los dictados de la Casa Blanca.

Desde luego que en los entuertos de la Isla hay cierta parte de responsabilidad interna a cuenta de errores y desatinos, pero nada de ello lastra en un ápice la multiplicada violencia y la destructiva influencia de un muro que cierra toda posibilidad de trabajar con holgura y seguridad.

Y no hay que ir muy lejos en eso de entender las intenciones y el alcance del monstruo creado por Washington.

Ahora mismo, bajo la alharaca de que la Casa Blanca promueve apoyo a la Isla luego del destructor paso de los huracanes Gustav e Ike, vuelve a pesar el bloqueo como un pivote inamovible.

Estados Unidos habla del envío de insuficientes y condicionados donativos, según los  califica el propio diario norteamericano The New York Times, y al mismo tiempo insiste en rechazar la solicitud cubana de que, lejos de filantropía barata, lo que reclama este momento es de una apertura, aunque sea transitoria, de ventas de empresas estadounidenses a la ínsula en rubros muy afectados por los meteoros: alimentación y vivienda.

Desde luego, algunos voceros imperiales alegarán que ya la Casa Blanca había permitido esos suministros esencialmente alimentarios. Sin embargo, el mundo debe conocer que tales adquisiciones se abrieron a instancias de las tremendas presiones de los productores agrícolas de EE.UU. deseosos de intercambiar con un cercano y serio vecino.

Que además, el gobierno norteño ha hecho todo lo posible por poner trabas a las compras cubanas, imponiendo pagos por adelantado, negando el uso de bancos de ambas naciones para las transacciones, evitando el uso de transportes de Cuba para el acarreo de mercancías, prohibiendo toda venta de La Habana a Washington, y mil y una triquiñuelas más para sabotear una relación mutua deseada y fructífera.

Todo ese accionar imperial será denunciado una vez más por Cuba en el más elevado podio mundial, con la certeza de que la inmensa mayoría del planeta volverá a colocar su dedo acusador frente al gran reo, hasta que al final  la razón se imponga definitivamente.

Colaboración Néstor Núñez

Informe de Cuba sobre la necesidad de poner fin al bloqueo