Visión de #Cuba desde la Iglesia Católica

Ni nosotros, cristianos, ni los que nos sienten como extraños o históricamente desfasados, deben dejarse condicionar por recuerdos negativos o experiencias dolorosas del pasado. Esta actitud reconciliadora, que incluye a menudo el perdón y siempre la comprensión, es relativamente más fácil de practicar para quienes han permanecido en Cuba. Los que estamos aquí tratamos concretamente con personas, vemos los hechos positivos o negativos, pero captamos mucho más el sentido evolutivo de nuestra historia. Quienes partieron de Cuba, lidian con nombres, con recuerdos, carecen de la inmediatez y de la vivencia evolutiva de quien ve pasar ante él la historia en la cual, de un modo u otro, también participa.

Tiene que haber una gran capacidad de comprensión para quien mira desde fuera aún con interés y con amor, los acontecimientos de Cuba, pues necesita un grado mayor de penetración en la realidad que requiere un esfuerzo añadido.

Por esto el empeño en reconciliarnos como pueblo los de Cuba y los de fuera, y por perdonarse unos a otros, en vista de esa reconciliación, lleva una alta dosis de incomprensión y de sufrimiento. Esto es lo que nos incorpora al camino redentor de Cristo, el que El escogió como pastor que da la vida por las ovejas. No puede ser otro el camino del Pastor de una Iglesia. No puede ser otra la propuesta que él haga al rebaño que Jesús le ha confiado.

Texto de la Conferencia de Ortega y Alamino en la inauguración del X Seminario Internacional del Programa de Diálogo con Cuba: “Sociedad y espiritualidad en el mundo actual. Un diálogo con la Iglesia Católica en Cuba”.

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