¿Revolucionarios de la Revolución?

El documental Revolution, cinta que se acerca al dúo de raperos capitalinos “Los Aldeanos”, se exhibió recientemente en la Sala Chaplin, durante la Novena Muestra de Nuevos Realizadores, que organiza el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) y que se desarrolló recientemente en La Habana.

El filme, dirigido por Mayckell Pedrero, es un recorrido de 50 minutos para dar voz propia a estos cultores del “hip hop underground” -como se autocalifican- quienes arremeten, desde un irreverente hipercriticismo, contra las estructuras sociales, políticas e institucionales del país, sin dejar fuera de la avalancha, a la sociedad que les rodea y en la que conviven.

Los Aldeanos y la supuesta popularidad ganada entre algún público mayoritariamente joven responde -ingenua o concientemente- a todo el proceso de maquinación para fabricar íconos que “conquisten” determinadas zonas, de lo que para los enemigos de la Revolución se ha puesto de moda en los últimos años: la “sociedad civil” cubana.ç

La maquinaria propagandística contrarrevolucionaria se reformula de acuerdo a las circunstancias, pero sus hacedores descubrieron que la “sociedad civil” no podía inventarse de un plumazo.

En alguna refrigerada oficina del South West miamense, decidieron entonces lanzarse a la conquista de la masa de cubanos que viven, sufren y enfrentan a diario las consecuencias que generan las crisis, el bloqueo y los errores internos.

Para este propósito, nuestros enemigos no tienen distingos entre mercenarios a sueldo o inconformes ingenuos e irresponsables. Cualquiera les sirve, siempre que entonen las notas descritas en la pauta contrarrevolucionaria.

Los ejemplos a enumerar hablan por sí solos. Hay que recordar como se inventó la figura de un poeta-presidiario-inválido, que terminó subiendo por sus pies la escalerilla del avión que lo llevaba a la “libertad” añorada de sus amos.

O de supuestos “periodistas independientes” que no conocen las elementales reglas gramaticales imprescindibles para redactar una nota informativa, pero están en todas las listas de Reporteros sin Fronteras, Human Rights Watch, y cuanta organización que se dice defensora de “derechos humanos”, como pretexto para inmiscuirse en los asuntos internos de la Isla.

Cuba ha denunciado todos esos embustes. Y todavía florecen, según las necesidades de los esforzados “luchadores”, que regalan premios, compran instituciones, pagan enormes sumas de dinero y fabrican lo que esté de moda, sean periodistas, blogueros. o raperos. A todo lo que sea eficientemente utilizable, se le hecha mano.

A Los Aldeanos, les hicieron creer que son simbólicos en el camino de la crítica. E ingenuamente lo han creído. A pesar de que su discurso roce en la más elemental simpleza, con argumentos más viscerales que concretos, desde el lenguaje y los códigos del marginalismo más excluyente y discriminatorio de cualquier alternativa verdaderamente social, y sin reflexionar en las inmediatas realidades que les rodean.

Criticar por criticar nunca ha sido buen oficio, y para radicalizar un discurso, como hacen estos raperos, que los laboratorios y algunos medios de difusión foráneos tratan de prefabricar como paradigmas de la juventud cubana, se necesita algo más que una demoledora algaraza, la cual solo escandaliza sin dar opciones.

“Revolucionarios de la Revolución” se hacen llamar estos músicos del barrio, quienes no proponen ni cambian absolutamente nada, porque una sociedad que se empeña en sacudir algún pesado lastre, solo consigue cambios desde la perspectiva de crecimiento, de análisis y dispuesta a corregirse ella.

Estos tiempos que corren no permiten el lujo de vivir al margen de las realidades que afectan a la sociedad cubana, y se imponen cambios, muchos de ellos inmediatos, para salvar este proyecto social que ha costado cincuenta años de lucha contra el enemigo más poderoso del mundo.

Fidel invitó a todos los cubanos a ejercer la crítica, y Raúl hace de ese reclamo necesidad imperiosa para que la Revolución avance y se reformule a sí misma.

A ese fenómeno no estamos ajenos, y todos debemos involucrarnos. Pero desde la marginalidad, con códigos impostados y un lenguaje arrabalero, no es posible enfrentar las ideas.

Los espacios difusivos que la Revolución y el Estado cubano ponen en manos del pueblo, no pueden ser usados para atacar de manera inmisericorde un proyecto que, aunque imperfecto, supera con creces en humanidad y en dignidad, a los “espejos” en que se miran los hipercríticos, que solo se ocupan de buscar las manchas del Sol.

Cada cual tiene el derecho de manifestarse, pero resulta inmoral que se usen como tribunas públicas de ataque, espacios que fueron diseñados con otros propósitos, justo uno de los más importantes proyectos desestabilizadores que hoy rigen la guerra mediática contra Cuba.

En lo único que coincido con el “discurso” de Los Aldeanos, es que se debe trabajar duro por una Cuba inclusiva, con espacio para que todos trabajemos en construir el futuro de la Patria, pero desde dentro y con el corazón en las manos.

El panfleto -discursivo o musical- cada día es menos creíble. Estos tiempos no son ni de demagogias ni de diatribas, porque de ellas solo se benefician quienes llevan cincuenta años trasnochando la pesadilla de ver derrumbarse a la Revolución Cubana.

Miguel Fernández

La Habana

P.D

Aunque no tengo total coincidencia con el autor del texto, sí creo que es un asunto que está en la opinión pública joven, sobre todo de la capital cubana. Estoy a la caza del documental y escuchando sus discos, para dar mi criterio en un próximo post.

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12 comentarios

  1. en mi opinión pienso que la crítica es un arma de doble filo, porque mientras para muchos solo consiste en una forma de ” decir ” lo mal echo, para otros consiste en una forma de burla y atropello para lo que se critica, la crítica en Cuba es aceptada mientras sea constructiva y venga acompañada de una solución a lo que se crítica porque es muy fácil sentarse en un cojín y empezar a mencionar todo lo mal echo y esperar a que otro lo resuelva, lo difícil es encontrar una solución para mejorar y cambiar lo que se considera “mal echo”, en nuestra vida cotidiana necesitamos más personas que ” trabajen más y critiquen menos ” y eso daría solución a casi todos los problemas que nos enfrentamos hoy en día.

  2. [...] ¿Revolucionarios de la Revolución? [...]

  3. [...] ¿Revolucionarios de la Revolución? [...]

  4. El boomerang de una defensa, firmado por Carmen Paz Rodríguez, me ha hecho detenerme en el blog de Yohandrys, a quien le agradezco su esmero por mantener estos foros de intercambio.
    Primero, quiero dejar claro que cuando escribí ¿Revolucionarios de la Revolución? no hacía una defensa de nada, ni de nadie. Si algo defenderé, por convicción, son los principios que me rigen y las ideas en las que creo. Pero sin maniqueísmos ni manipulaciones.
    ¿Revolucionarios de la Revolución? es solo la opinión personal de quien recibe un mensaje que trata de masificarse y que con cierta sorpresa, se difunde en espacios a donde se espera confrontar una obra artística y no un discurso completamente politizado y poco convincente.
    Nada más lejos de mi propósito que tratar de “acuchillar lo que tanto amamos”, todo lo contrario. Nuestra juventud es el mayor y más valioso tesoro con que seguiremos construyendo nuestro proyecto social. De eso no tengo dudas, como tampoco dudo del efecto nocivo, traumático y lacerante que provoca en ellos el desconocimiento, la manipulación, el uso repetitivo de un discurso construido y fomentado por nuestros enemigos y tratan de poner en boca de todo el que pueda tener alcance con sus palabras.
    ¿Revolucionarios de la Revolución? no trata de aniquilar a nadie. El ejercicio del criterio, ese tan llevado y traído argumento de moda entre detractores de dentro y fuera, permite expresar lo que pensamos y opinamos de tal o cual asunto.
    Si en algo coincido con Carmen Paz, es que las fealdades internas se diseminan como la verdolaga y necesitan muy pronto de una cuchilla responsable, comprometida y sanadora, y no –retomo nuevamente sus palabras- una algarabía que le faltan matices, pasional y cargada de un desmesurado histrionismo, porque el lenguaje de Los Aldeanos está más diseñado para construir detractores, que para contribuir a una sociedad mas justa.
    Me sorprende que Carmen compare al Bi y Aldo, con los jóvenes de la Generación del Centenario. Creo que hay demasiadas, demasiadas diferencias para establecer esa comparación. Aquellos jóvenes, más que ponerse a exacerbar a sus contemporáneos entre quejas y lamentos, decidieron sacudir de raíz su presente, para construirse un futuro. Y eso lo consiguieron porque eran auténticamente creíbles y pensaron más con el corazón, que con la barriga y los espejos.
    Los proyectos de vida no se otorgan, se construyen. Y en Cuba hay muchas cosas que pueden constituir excelentes razones para crecer como seres humanos, a pesar de los rígidos, el paternalismo que está en vena y esa impresionante actitud de que merecemos todo y de todo, aunque nunca seamos capaces de aportar. Pero evidentemente resulta más fácil criticar por criticar y ganar adeptos enseñando las manchas penosas de la sociedad.
    No estoy al margen de los límites de popularidad de estos artistas del barrio. Conozco a otros tan, o más populares que solo distribuyen bazofia que pretende pasar por cultura, incluso que se difunden en la radio y la televisión, y hasta cintillos de prensa consiguen, pero eso no me impide decir lo que pienso.
    La crítica como medio eficaz de comunicación no es exclusiva de Los Aldeanos. Otros grupos y artistas la usan y merecen mis aplausos. Pienso, que se debe fomentar el ejercicio de esa conciencia crítica, pero desde la responsabilidad y la franqueza. Cuba es mucho más que esa imagen de prostitutas, marginales, supuestos represores y corruptos que saturan los textos de Los Aldeanos, aunque a ellos no les quede tiempo en su misión de comunicadores, de ver la realidad en su conjunto.
    ¿Coincidentemente? esa imagen de una Cuba desvastada, carente de derechos, subyugada y despótica, es la que se preconcibe en las mesas de trabajo de nuestros más furibundos enemigos, que siempre buscan a alguien que pueda repetirlas en esta tierra que no dejará de defenderse.
    Que conste que no miro a la realidad cubana desde la latitud rodante de un vehículo, como insinúa Carmen Paz. Soy tan de a pie como Los Aldeanos, me traslado y vibro con mi ciudad entre todos los P posibles, y sufro en carne propia, muchas de esas supuestas quejas que ellos sobredimensionan y escandalizan.
    Solo que tengo un compromiso ineludible con mi gente, con los que quieren ver crecer a Cuba y se sienten orgullosos de ser cubanos, desde la dignidad y la entereza que confirma un proyecto social que, a pesar de sus errores innegables, no deja de seguir teniendo al hombre, como supremo propósito.

  5. CUBAMULATA dijo:
    “Nuevo, convivir no, criticar, demostrar con proyectos y soluciones como trabajar para mejorar, solo de críticas no se mejora Cuba.”

    Cubamulata, reitero mi opinión de que hay que convivir con la critica, eso significa aceptarla o al menos aprobar que alguien te critique desde todas las aristas, aunque puedas estar de acuerdo o no con ella. En cuanto a esa critica acompañada de proyectos y soluciones, bien sabes que muchos aqui en el blog, o fuera de cuba o dentro de cuba ofrecen sus proyectos y sus soluciones, lo que sucede que si estas sugieren el mas minimo asomo de mentalidad mas occidental o pro capitalista automaticamente quedan descartadas y sus autores tildados de capitalistoides, o de querer destruir la revolucion, bla,bla,bla, en fin anulados. Eso bien que lo sabes. Por eso el tema de nuestro pais es tan complejo, porque las soluciones deben ser tales que logremos preservar lo alcanzado socialmente con la revolucion pero buscando un sistema economico mas efectivo y estimulador de la produccion, ya en este caso casi obligatoriamente hay que echarle un vistazo a lo que hacen los señores capitalistas, tomar lo positivo de ellos en este tema y echar pa alante sin tanta muela. Y si tienen que existir dueños de negocios privados(preferentemente en el sector de los servicios etc), y que estos emplee a otros(descartemos la cacareada “explotacion del hombre por el hombre” del capitalismo…) pues venga, ¿a que se teme?. Ya de hecho algo se esta haciendo en este sentido hace rato. Ahh, esta claro q sería muy favorable que se levantara el bloqueo de los EUA.
    De todas manera Mulata, te reitero. Aun limitandome a sugerir soluciones estoy indirectamente criticandote. Basta con sugerir algo completamente diferente a lo que se venía haciendo historicamente, ya con eso te estoy diciendo que llevabas años en el inmovilismo. ¿no es cierto?

  6. Saludos

    Cuando iba al auto consumo de mi centro de trabajo logre establecer una dependencia muy curiosa

    Sin generalizar

    Aquellos que mas criticaban la calidad de la comida, eran los que menos trabajaban y menos aportaban

    La vida me ha demostrado que las palabras y los lamentos no dejan fruto, solo los hechos, de allí el dicho ….. Habla menos y trabaja mas……, los lamentos solo conducen a la angustia y al pesimismo.

    Fantom

  7. Saludos

    Si a la critica no la acompaña aunque sea una modesta propuesta de su majestad solución, entonces carece de sentido, y solucionar no significa desbastar y destruir

    Fantom

  8. Nuevo, convivir no, criticar, demostrar con proyectos y soluciones como trabajar para mejorar, solo de críticas no se mejora Cuba.

  9. Hay que aprender a convivir con las criticas, en nuestra sociedad cubana aun eso no se ha logrado.

  10. [...] ¿Revolucionarios de la Revolución? [...]

  11. Y cito a la Dr Pogolotti “hay que acercarse mas a la juventud”, y a Silvio Rodriguez, cuando cuestiono el exodo masivo de Los jovenes cubanos, exponiendo. ” Un pais sin jovenes no tiene futuro, y esta condenado a estar en la sombra”

  12. El boomerang de una defensa

    Leyendo el texto “¿Revolucionarios de la Revolución?” me he convencido aún más de cuántas “defensas” como estas pueden volverse tan nocivas como la peor de las campañas mediáticas orquestadas por los vecinitos del Norte. Como mismo hace muy poco leí que la contrarrevolución estaba matando a sus escasos acólitos, incentivando las huelgas de hambre; de ese mismo modo nosotros podemos acuchillar lo que tanto amamos y que no es de unos escasos.

    Sucede que lo que el autor de este texto llama “irreverente hipercriticismo contra las estructuras” no es sino la forma de estos muchachos para expresar sus ideas, con las cuales no coincido en todos los casos; pero que, sin duda, están poniendo al desnudo fealdades innegables que nos han crecido como la verdolaga. Es verdad que les faltan matices, que la pasión y a veces hasta un histrionismo excesivo les queda como lastre, pero de ahí a aniquilarlos de la manera que el comentario intenta hay un gran trecho.

    Si se tratara de esas mal armadas canciones, a veces de tan imperfecta factura como las de estos muchachos, pero que solo entonan loas a la realidad cubana, habría que ver si fuera tan afilada la cuchilla del comentarista, aunque igual merecieran ser chapeadas de raíz.

    No es ninguna especulación mal intencionada asegurar como lo hago aquí que la juventud cubana hoy se siente inconforme, que carecen de proyectos de vida. Pero inconformes fueron también las generaciones que les antecedieron, inconforme, aunque en un contexto bien distinto, fue la Generación del Centenario.

    Aprender a desplegar una conciencia crítica debería ser el supremo fin. Por qué entonces arremeter sin piedad contra ese ejercicio, cuyo vacío es precisamente uno de los más graves que hemos dejados los adultos en las nuevas generaciones, a veces por incapacidad, a veces por paternalismo, a veces por miedo. No creo que ejercer ese derecho –que es necesidad de la sociedad para su avance- merezca calificativos como los aquí utilizados, y que tan bien le servirían también al propìo comentario sobre Los Aldeanos.
    Se afirma con desdén que gozan de una “supuesta popularidad”. Pregúntese a cada uno de esos muchachos que anda por la calle absorto en su mp3 qué está oyendo, indáguese de manera rigurosa en cuáles grupos cubanos están hoy entre los primeros lugares de la preferencia juvenil, y quizás haya sorpresas. Pero tal vez quien escribió esas líneas no tiene un hijo adolescente, o está demasiado ocupado en supuestamente defender la Revolución, para andar sus calles y conversar con su gente.
    Parapetado tras frases hechas cree aniquilarlos cuando asegura “no proponen ni cambian absolutamente nada”. Tampoco los balances municipales de la UJC proponen ni cambian nada y se les dedican páginas enteras de periódicos y largos minutos de noticiarios televisivos. Además, ¿quién ha dicho que una creación artística –sea mala, mediocre o buena, no califico la de ellos- está en la obligación de proponer y cambiar?

    “…A ese fenómeno (las caras feas de nuestra realidad) no estamos ajenos, y todos debemos involucrarnos. Pero desde la marginalidad, con códigos impostados y un lenguaje arrabalero, no es posible enfrentar las ideas”, afirma el autor. Y yo pregunto ¿quién es el Todo Poderoso capaz de decidir desde dónde sí y desde dónde no podemos los cubanos involucrarnos en el mejoramiento de lo que es de todos? Los Aldeanos, como el autor del comentario, como yo, y como todos los cubanos de a pie –bueno, no sé si el autor lleva los pies sobre el piso de un auto- entregamos nuestra cuota de sacrifico, y no siempre mediante consultas previas. Pero aun así, la entregamos, confiando una vez más. ¿Por qué entonces restarles el derecho a dejar oír su voz y sus criterios? Diversidad, tolerancia, aceptación de la otredad… cuántas palabras que solo se repiten como estribillos huecos.

    Más que un “atacar de manera inmisericorde un proyecto que, aunque imperfecto… ”, como en el texto se enuncia, las canciones de Los Aldeanos -de las cuales conozco todas al detalles porque para entender a la juventud y pretender ayudarla lo primero es conocerla-, percibo en esas composiciones un hondo dolor que hago también mío. Y no porque pertenezca a esa generación, ya peino canas, sino porque tengo el convencimiento de que ellos, y la generación que integran, son sobre todo el resultado de lo que hicimos y de lo que dejamos de hacer; animados, sí, por las mejores intenciones, pero de esas está también empedrado el camino del infierno. Así me lo han ratificado esas canciones, y también el comentario “¿Revolucionarios dentro de la Revolución?”.

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